viernes, 29 de octubre de 2010

Sucesivos escolios a un beso implícito

Llora la niña y la tumbo a mi lado, y empiezo a leer en alto Textos de Gómez Dávila, concretamente el capítulo donde explica que la conciencia nace con la percepción del fracaso ineludible que implica ser hombre. La conciencia es la conciencia de un fracaso o de un anhelo de plenitud inalcanzable. Carmen se calla, casi atenta, contenta sin duda. Descartada la posibilidad de que siga la argumentación de Gómez Dávila, creo yo que lo que la mantiene absorta es la música verbal. Cuando uno lee a otro comienzan a sonar dos voces, la del otro y la de uno, y si ese otro conversa en su texto con algunos más, termina sonando, imbricada en una sola voz cantante, toda una polifonía. Eso disfrutaba Carmen.
***
Hasta cierto momento, en que reclama la sola voz de su padre, un solo, un aria, un do de pecho. Un beso, pienso, es la renuncia al mordisco que está en las profundidades prehistóricas de nuestro subconsciente. Algo así como decir: "Te comería, porque comestible eres, o sea, buenísima para mí, pero mejor no te devoro, porque mejor aún es que existas fuera de mí". Un beso, por tanto, se queda siempre a medio camino, con la belleza de una media verónica.

No lo he pensado solo, que conste, sino en un dueto con Carmen, porque ella aún no besa: muerde, con la boca abierta, temible, como la de un caimán.
***
Los libros no son buenos sólo para leer ni para morder. Le gusta mucho también que se los acerque a la cara y los hojee y el ventalle casi le roce la naricilla. Sonríe y, con el plof final, se ríe. Otra vez y otra vez. Quizá en esa brisa vaya Gómez Dávila como Dios paseaba con la brisa de la tarde del paraíso, que al fin y al cabo era la de su obra.

jueves, 28 de octubre de 2010

Una duda

Detalle interesantísimo del Evangelio. Resulta que el sumo sacerdote era Caifás, que fue el que profetizó aquello de Expedit ut unus moriatur homo pro populo, y sin embargo, a Jesús lo llevan ante Anás, cuyo título era ser “el suegro del sumo sacerdote”.  No creo, no, que haya aquí una condena de la familia política, aunque es tentador, pero sí, tal vez, una denuncia implícita y terrible del nepotismo o del peso de las influencias que se salta la jerarquía legítima, ¿no?

miércoles, 27 de octubre de 2010

Piscinas vacías

Mucho cuidado hoy con los trampolines.

Mi artículo de Misión me gusta, dicho sea con toda humildad. Lo malo es que estando aún de baja (ayer el doctor Costanilla [sic] no me dio su visto bueno), parecería que me he tomado el veraneo perpetuo demasiado al pie de la letra. Ay.

Mi artículo en el Diario de Cádiz, me gusta menos, pero no me puede resistir a sacar las conclusiones de filosofía política, dicho sea con dudosa humildad, mientras que todos se dedicaban a sacar punta menuda al cambio de Gobierno.

Salten, pues, ustedes con prudencia. (A propósito, y saliéndome por la tangente: he comprobado que, aunque saltar con los pies en la tierra es imposible, si cabe saltar de alegría con pies de plomo. Y es un ejercicio bien saludable, además.)

lunes, 25 de octubre de 2010

Sobre la humildad

El peligro de mi artículo de ayer es que pareciese vanidoso, cuando de sobra es conocida mi extraordinaria humildad. Cualquiera podría replicarme: "Tú ameno... ¿de qué?"; y tendría que callarme. Pero el artículo, sea verdadero o falso, es humildísimo. Si no se nota, es porque (mea culpa) di por sobreentendido que uno naturalmente aspira a ser profundo, deslumbrante, estremecedor, convincente, artista... no entretenido.

Sobre la humildad, lo mejor es lo de Santa Teresa ("que es andar en verdad"), pero la glosa que hizo C.S. Lewis en Las cartas del diablo a su sobrino no le va a la zaga (aunque la siga). Dice allí el diablo que uno de sus grandes éxitos ha sido convencer a los hombres de que la humildad es, entre otros ejemplos similares, una chica muy guapa empeñada en creerse fea. El imposible crea amargura, decepción y, sobre todo, hipocresía. La verdadera humildad sería saberse guapa, pero no darle más importancia que la que tiene (que no es poca) y dar gracias por ello a Quien corresponda.

Hace unos días, a cuenta de otra batalla, se lo contaba a mis alumnos. Y me hizo mucha gracia detectar en cierta alumna, indiscutiblemente guapa, una dulcísima sonrisa de alivio.

sábado, 23 de octubre de 2010

Merecida

Cuando fui a besar a aquella señora tan bajita tuve la sensación de que le estaba haciendo una honda reverencia;y sí, sí, disimuladamente, aprovechando la coyuntura, se la hice. Se la merece.

viernes, 22 de octubre de 2010

Donde más duele

Para no hacerlo hoy, día feliz de santa Cordelia, fuimos corriendo ayer por la tarde noche a vacunar a Carmen. La sostenía Leonor en brazos, pero, como dejaba una manita suelta, yo se la cogí, para colaborar en algo. Cuando el ATS, muy dicharachero, le clavó la agujita en el muslo no hizo ella todavía ningún gesto ni lloró aún, pero cerró rápidamente con todas sus fuerzas el puño sobre mi dedo índice. Enseguida lloró y gritó desconsoladamente, sí. Ese segundo o mucho menos en que apretó en silencio mi dedo y nada más, ha sido uno de los instantes más tristes y dulces, tristidulce, de mi vida. “Es para tu bien, tonta”, le decíamos al salir, nos decíamos.

jueves, 21 de octubre de 2010

Tres citas de Jean Cocteau y tres correcciones, dos de uno y una de d'Ors

"El arte es la ciencia hecha carne". El arte, realidad hecha mucho más real.

"Nos exigen demasiados milagros. Yo me considero ya bastante dichoso cuando he logrado hacer oír a un ciego". Mejor milagro: hacer ver a un sordo.

"Cosa dura negar, sobre todo las obras nobles. Pero toda afirmación profunda necesita una negación profunda." “Creo [cree d'Ors (Nuevo Glosario. Tomo I, p. 193)] que lo que necesita toda afirmación porfunda es una ironía ligera”.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La prueba del euro

Bien, ayer no era mi día más literario, lo reconozco, pero estaría bien esta regla preventiva: el escritor comprometido debe dar el dinero que gana defendiendo una causa a esa causa. Eso es comprometerse.

martes, 19 de octubre de 2010

Vanidad

Hacía mucho tiempo, si ocurrió alguna vez, que nadie decía a mi paso: “¡Mira qué músculos!” Pasó ayer. Dos chicas y un tío, además. Estaban sinceramente admirados. Concretando más, eran un cirujano y sus dos enfermeras, y habían tenido que escarbar (mucho, sí) para quitarme un bultito (un bultito bueno, no os preocupéis). Y lo bueno, bueno era su asombro admirado ante la limpieza final de mis músculos, que me compensó algo. Tanto, que a pesar del dolor y la resaca, aquí estoy, tecleando, presumiendo.

Cambiarle el agua al canario

En el escudo nacional habría que poner un pollo a la cantonesa. España, con los remiendos de Zapatero para sacar como sea sus presupuestos, se parece cada vez más al Cantón de Cartagena y aledaños. Qué me dicen de lo cambiar los nombres vascongados, ea. Pero el no va más ha sido lo de cambiarle al agua al canario. Oh, “las aguas canarias”, para morirse, o no tanto, pero de risa.

lunes, 18 de octubre de 2010

Castiguito

Pasé el fin de semana en una finca de recreo de retiro espiritual, y hablaba por teléfono paseándome entre los limoneros y naranjos. Cortaba un limón verde y lo iba oliendo, mientras hablaba, y lo lanzaba al aire y lo cogía al caer, casi siempre. Si no lo cogía al vuelo, pues cortaba otro.

A la vuelta, en casa, hablando por teléfono, con el movimiento reflejo aprendido, corté un limoncito verde que tenía el pequeño limonero del jardín. Cuando me quise dar cuenta, era tarde. Era el primer limón que daba nuestro raquítico limonero, y llevábamos dos años esperándolo. Castiguito.

domingo, 17 de octubre de 2010

Tres márgenes

En La Gaceta en mi reseña sobre Alma minha gentil tuvieron que recortarme las puntas del texto, por cuestiones de espacio; y lo hicieron sorprendentemente bien: no cortaron el hilo. Pero se perdió un pequeño detalle que me parece grandioso. Lo dejo aquí, al margen: ¡Erasmo aprendió portugués para leer a Gil Vicente!

En Alba no me recortaron nada porque yo me había limitado antes, cumpliendo estrictamente con los caracteres. Hablo esta semana de Ramón Sijé y de la "Elegía" de Hernández. Destaco que el motor de aquel poema es el remordimiento y que Miguel Hernández va, como confiesa, de su corazón a sus asuntos. El único elogio a Sijé que dedica en todo el poema es mentar su "noble calavera". Recordé entonces que Jorge Luis Borges, nada más morir su amada madre, escribió un soneto titulado "Remordimiento". El argentino no se anduvo por las ramas ni por los huertos, y se fue al sentimiento que le devastaba. No me cupo en el artículo, pero aquí  nos lo dejo.

A cuenta de la salida de Leonor, llevo pensando varios días en el género policíaco. Nada tan civilizado como que sea "el otro" el asesino, esto es, que se haya investigado laboriosamente, no se hayan seguido las apariencias ni la ley de Lynch (ese fenómeno estrictamente democrático, según el impagable José Antonio Fúster), y, sobre todo, se haya establecido la inocencia del sospechoso principal. Se me ocurrió que podía postular el trasfondo cristiano que eso supone. Pero hice una encuesta por sms entre mis amigos más leídos y se me abrieron, de golpe, siete u ocho líneas de investigación. Yo soy muy moro (por santo Tomás), así que recordé sus recomendaciones, en negrita lo más recordado:
Lord, grant that I may be able in argument,

accurate in analysis,
strict in study,

candid with clients,
and honest with adversaries.
Sit with me at my desk
and listen with me to my client's plaints,
read with me in my library,
and stand beside me in court,
so that today I shall not,
in order to win a point
lose my soul.
Me he propuesto, por tanto, seguir investigando sobre lo policial, en plan asuntos internos. Pero como el tiempo se me echaba encima, escribí deprisa y corriendo sobre Zapatero, que ya está investigado de sobra.

viernes, 15 de octubre de 2010

El lema de la casa, el mote del escudo

Algo personal

Es, objetivamente hablando, lo más extraño que me ha pasado con mi hija de casi cinco meses. Le encanta que le cante. Se sonríe. Quizá a usted le parezca lo más natural del mundo, pero es que usted nunca me ha oído cantar.

En el colegio me lo prohibieron. No es sólo que me echaran del coro, que es algo por lo que han pasado miles de niños, ni que fuese el primero al que echaron, sino que tampoco me dejaban cantar mis propios compañeros en el autobús cuando los profesores, qué buenos son, nos llevaban de excursión. Tampoco me permitían tocar las palmas, porque perdía el compás a las primeras de cambio. Mi abuela, que era profesora de solfeo y de piano, y de la que yo era el nieto favorito, sólo logró darme una clase, una, y desistió, desolada. La madre de un amigo que estaba ilusionada con enseñarnos a tocar la guitarra, me animó a jugar al tenis, que lo haría mejor, sin duda. En mi adolescencia y juventud, no he bailado, como no fuese el agua a alguna chica, y también mal. En la mili perdía el paso y me recuerdo como en la película Cateto a babor, pero ya con la licenciatura de Derecho y dos libros escritos, desfilando sólo, al caer la tarde y con un sargento que me gritaba, desgañitándose, desesperado: “¡Si es como en la disco, leñe, si es como en la disco!” “Precisamente, mi sargento, apenas he pisado una disco”, hubiese replicado yo, si no hubiese estado tan reconcentrado en intentar coger o recoger el paso, el paso, el paso, el paso... En mi boda, mi hermano Nicolás bailó por mí el vals.

Esos son mis antecedentes. Y ahora me encuentro con una niña delicadísima, de ojos claros y brillantes, que deja de llorar y sonríe y se ríe y es feliz si le canto y le hago un baile alrededor de la cuna. Padre no hay más que uno, se suele decir o se debería, pero la verdad es que, sobre todo, hija no hay más que una.

Como el caso es tan increíble, he quedado firmemente convencido de que lo importante es lo presencial, como se dice ahora. Es imposible que mi hija valore mis aptitudes musicales, así que ella, con sus agradecidas risas, está celebrando el contacto estrecho, la intimidad atenta. Eso le compensa, a la pobre, cierto dolor de oído. Tralararará.

jueves, 14 de octubre de 2010

La canción de la ramera

Qué fogonazo de poesía verdadera el de Isaías, en el capítulo 23, 16, cuando para ilustrar la conversión final de Tiro, que será dada al olvido durante setenta años, cita esta canción:
Toma la cítara, ronda la ciudad,
ramera olvidada,
tócala bien, repite las canciones
para que se te recuerde.
Cuánta misericordia y dolor transfigurado, y qué esperanza le entra a uno, junto a unas ganas irreprimibles de trincar la cítara y repetir las canciones: ésta, ésta, sin ir más lejos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Yes, we can-can

Y siguiendo con la música, no se me va de la cabeza la imagen de que en campaña electoral el baile es el can-can.

lunes, 11 de octubre de 2010

Cine fórum

Para no engancharme a la película de crímenes y forenses, que me conozco, nada más escuchar la musiquilla, cojo un libro y me subo corriendo al cuarto. Cuando una hora y media después llega Leonor, le pregunto a modo de saludo:
--¿Quién era el asesino?
Impertérrita, contesta:
--El otro.

sábado, 9 de octubre de 2010

Algo va mal

Ayer me derramé encima el café en la biblioteca del centro. Me pasé el día oliendo a café con leche, y ni siquiera el vaso de agua que me derramé en la sala de profesores dos horas después diluyó las manchas, aunque había agua suficiente para dejarme perdido y dejar un gran charco en medio de la sala. Confundí el edificio donde tenía que dar unas clases. Cité mal un título. Creía que había mandado al periódico unas colaboraciones, pero no salieron de mi ordenador. Por la noche borré un comentario en el blogg, y era elogioso, encima. (No hace falta decir que no fue mi modestia, supongo.) Puse unas comas donde no eran en la corrección de unas pruebas.

Y yo no me veo especialmente nervioso (o sea, que la cosa todavía puede ir a peor).

viernes, 8 de octubre de 2010

Un libro no escrito

Un libro que no voy a escribir, aunque me gustaría, es la historia de una ruptura, ya sea de un amor o una amistad. Cuando la novela empezase, ya habría acabado la relación, y cada capítulo consistiría en una minuciosa vuelta de tuerca en la memoria del protagonista. La ruptura iría enfocándose desde diversas perspectivas, que se sucederían en noches de insomnio. ¿Un título? Las mil y una noches, quizá. Poco original, pero con una calidad bien contrastada.

El protagonista comenzaría analizando con frío bisturí las culpas y las bajezas de la otra parte. Luego, imperceptiblemente al principio, poco a poco, iría entendiendo cada vez mejor las razones contrarias hasta que, de pronto, asumiría, en una agridulce revelación, su propia parte de responsabilidad.

Si quien lo escribiese (que no seré yo) fuese un buen escritor, se transmitiría que ninguna de las versiones es falsa, aunque la verdad total sólo brillará cuando se agoten las posibles perspectivas, si eso fuera posible. Mientras que el personaje cree firme y sucesivamente la versión de cada noche de insomnio, el lector iría completando un complejo mosaico de culpas, contra-culpas y errores de doble sentido.

Si quien lo escribiese (que no seré, ay, yo) fuese un escritor extraordinario, se percibiría que la amistad o el amor, contra lo que creen los protagonistas de la historia, no ha muerto, y que, del mismo modo que los insomnios acaban en el amanecer, cabe esperar una nueva oportunidad. Eso no se dirá jamás, porque en el libro habla el protagonista, y él o ella no lo sabe; pero lo irá adivinando con alegría creciente el lector.

Finalmente, si el escritor (que no seré yo, no) fuese un genio, todos los lectores de ese libro acabarían sabiendo que ellos son el protagonista de aquella historia. Que en todas sus rupturas y peleas, las culpas son complejas y compartidas y minuciosas y, en última instancia, insuficientes para ahogar un amor o una amistad. La posibilidad de una nueva oportunidad ya quedaría en las manos del lector, una vez que dejase en la estantería el libro, o se lo regalara a un amigo antiguo, o a un viejo amor.

jueves, 7 de octubre de 2010

Deus ex machina

Mi bondad natural (o mejor dicho, la sentimentalidad) es una más de las razones por las que soy un mal narrador, si lo soy, que no. Empiezo a contar una historia y apenas la he echado a rodar, ya estoy metiendo los dedos en la máquina para conseguir a toda costa la felicidad de los protagonistas. Así no hay manera.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Estradísticas

El interés del artículo es relativo. A mí lo que me interesa más que nada es esta idea, idea o confesión, que he metido un poco con calzador:
El hábito de las estadísticas nos empobrece incluso moralmente. Ante un mal ajeno, tan acostumbrados como nos tienen a pensar en tantos por ciento, sufrimos la tentación mezquina de alegrarnos porque tenemos ya menos probabilidades de sufrirlo nosotros. Es una egoísta evolución posmoderna del instinto de supervivencia.

martes, 5 de octubre de 2010

Manos y pies

Como guardaba en la manga una anécdota muy estilizada, pude ir muy contento a comer con la familia de mi mujer, tan exquisita. Me habían contado que alguien se asombró ante las finas manos de la Duquesa de Osuna. Ésta, quitándose importancia, contestó: “Son cinco siglos sin trabajar”.

Se celebró mi anécdota educadamente, y mi suegra de inmediato aportó otra. Alguien le dijo al general de caballería Francisco Merry Ponce de León, conde de Benomar: “Qué pies tan pequeños, mi general”, a lo que el militar respondió: “Generaciones a caballo”. Nos encantó la anécdota, que era manifiestamente mejor que la mía.

Y no sólo porque fuese de mi suegra, que ya es razón bastante, sino por sutiles matices que merece la pena comentar. A estas alturas, el trabajo ha perdido esa huella infamante que tuvo en la vieja España de los hidalgos. Primero, porque hemos ido valorando más y más la posibilidad de aportar algo a la sociedad, y segundo y ahora, porque un empleo, con el paro creciente y rampante y desbocado que tenemos encima, es un privilegio que vale como un marquesado y, si es fijo, como una grandeza de España. La finura de las manos, si es al precio de no trabajar, hoy por hoy no la querría casi nadie.

En cambio, el militar tenía los pies pequeños por hacer su trabajo. Ir a caballo goza de un aura de privilegio, no vamos a negarlo, pero es un privilegio que si la ocasión lo requiere se paga con la sangre en defensa de todos. En esas condiciones, lo pies pequeños nos parecen justificados y, todavía más, legítimos. Por otro lado, desde un punto de vista estético, hay un contraste gracioso entre la delicadeza de chinoiserie de un pie pequeño y la cruda rudeza del ejercicio militar.

Un tío de Leonor, nos informó de que, a cuenta de la memoria histórica y porque le confundieron con su hijo, a ese general (que hizo la guerra… ¡de Cuba!) le quitaron una calle de Sevilla para dársela a Pilar Bardem. Que tiene, apunté, una boca grandísima, supongo que por la de los lustros que lleva gritando en las manifestaciones… Pero en la mesa no es correcto hablar de política, y mi suegra cambió de tema enseguida.

lunes, 4 de octubre de 2010

Manifiesto Más Mas

Observo con manifiesta preocupación cómo la conjunción adversativa "mas" se usa menos y menos y va quedando arrinconada en el arcaísmo, ángulo oscuro. Malo. No disponemos en España de tantos monosílabos como para ir desechándolos así como así. Un monosílabo puede salvarte un verso, y no sólo para que los acentos --un poquito para aquí, un poquito para allá-- caigan en su sitio, sino porque adensa la expresión. Los lectores de poesía inglesa lo saben bien.

Aún más, pensar es discrepar y cierta variedad adversativa es fundamental para no repetirse con el pero, pero, pero, pero...

Pero más todavía. Si dejamos que esa palabra se hunda en el arcaísmo, cuántos poemas estupendos se nos cubrirán de una fina capa de polvo. Si mantenemos vivo el "mas", estamos defendiendo también a la tradición, que mejor si  no nos suena acartonada donde el autor fue coloquial.

Por tanto, propongo usar el "mas" más. A la mínima oportunidad. Al principio, chocará un poco y habrá que recurrir a la ironía, mas con el tiempo, si no desfallecemos, lo habremos salvado. Habremos prestado un servicio a la riqueza del idioma, a la poesía del futuro (que falta le va a hacer) y a la poesía de siempre.

domingo, 3 de octubre de 2010

La paz

A los fieles no habituales les emociona una barbaridad el momento de darse la paz. Lo viven al máximo. Yo tengo que tener cuidado para que mi desdén por el pacifismo no me lleve a minusvalorar la paz, que sería una postura tan idiota como si el rechazo del feminismo me condujese a menospreciar a las féminas, cuando es todo lo contrario. Para calibrar su importancia se puede leer a René Girard y su último ensayo sobre Clausewitz, donde deja claro que la violencia no es pecata minuta, ni mucho menos. Y mejor aún es recordar la de veces que Jesús deseó la paz a modo de saludo, con una férrea insistencia, a sus discípulos.


Hay que rezar por la paz, y poner todo lo que esté en nuestra mano, empezando por la mano tendida. Quizá por eso los habituales de misa no exulten tanto con ella. Secretamente saben que la paz que se desean pasa, en última instancia, por el sacrificio propio, como la de Jesucristo, que es el modelo, ay, a seguir.

A pesar de todo, yo intento aprovechar ese momento de la liturgia para pedir por ella. Me distrae mucho el entusiasmo que digo. Una de las cosas más extrañas, a poco que se piense, es que la gente menuda y la no tan menuda salga disparada a dar la paz a sus abuelitos y demás seres muy queridos. ¿No sería más apropiado que los fieles buscasen entre los bancos a sus enemigos?

Resulta curioso cuando uno se da “como hermanos la paz” con su hermano. “Valga la redundancia”, le digo entonces. Dar como hermano la paz a tu mujer podría sonar un tanto incestuoso, pero las relaciones matrimoniales son tan estrechas y complicadas que nunca viene mal un buen beso de pacificación y perdón, de ida o de vuelta o de doble sentido.

Volverse a izquierda (sí, a izquierda, también) y a derecha, y dar la paz al vecino que te haya tocado en suerte no es muy escandaloso y tiene, además, un extraordinario valor simbólico. Porque esa persona cualquiera representa a todos, pero también porque, como se sabe, es con los vecinos (a los que se viene llamando “prójimos” en la terminología técnica) con quienes más cuesta mantener la paz. El roce hace el roce, valga la redundancia.

viernes, 1 de octubre de 2010

Poesía de línea discontinua

Después de leer, desentrañar y reseñar el panorama de Villena (Luis Antonio) sobre la poesía española actual, he recibido con refrescante regocijo este anuncio de Coca-Cola:

Que la Coca-Cola sea light (lo único light, afortunadamente, del anuncio) es una pequeña concesión, comprensible, al aire de la época.

jueves, 30 de septiembre de 2010

El chino expiatorio

Como los datos de la huelga general son tan brumosos y contradictorios, habrá que fiarse de fijarse. Y lo que uno ha visto, en general, es poca huelga. Una amiga de Sevilla me cuenta, sorprendida, que los únicos comercios que han cerrado en su barrio son los chinos. Han puesto grandes carteles apoyando a la huelga.

Es raro, porque no se les ve muy concienciados con los derechos laborales a los chinos ni interesados por la política nacional. Mi impresión es que, con la prudencia milenaria que les caracteriza, han decido cerrar (de puertas para afuera, por lo menos). Y todavía me aventuraría a llevar más lejos mi hipótesis: no lo han hecho por un miedo puro y simple a los piquetes informativos.
Saben que no concitan demasiados entusiasmos, y girardianos por instinto, han pensado que a los piquetes se les podía ir la mano especialmente con ellos, y que quizá algunos ciudadanos secundasen la cosa. Seguro que un proverbio chino lo dice mejor, pero traducido, se han dicho: “Por si las moscas…”

Es sólo una hipótesis, pero convendría verificarla, por si las moscas. No vaya a ser un síntoma de un miedo más hondo y de un rechazo latente.
[Con esta entrada ya escrita, leo una noticia en El Mundo sorprendiéndose del cierre a cal y canto de los grandes almacenes chinos. ¿Y los restaurantes?]

miércoles, 29 de septiembre de 2010

La huelga como método de trabajo

En el Diario, aprovecho el día para hablar de trabajo y estudio. Pero tendría que haber hablado de la huelga como método de trabajo. Un poeta no puede hacer huelga, además de por sus convicciones políticas, si es el caso, que lo es en este caso, porque en cualquier momento la musa puede, oh, asaltarlo. De hecho, la musa prefiere cogerlo, contra lo de Picasso, por sorpresa, descansado. Lo malo es que tendría que haber citado a Mario Quintana, el de La pereza como método de trabajo, y de él hablé hace nada en otro artículo para el Diario. Y eso estaba pensando cuando recibí, oh telepatía consanguínea, este e-mail de mi hermano Jaime:
Enrique, estaba ojeando (hojeando) tus/sus Puntos suspensivos y me han entrado ganas de verle la cara a Mario Quintana. Te copio tres fotos en las que el pobre hombre está trabajando; qué vidas duras hay por ahí. Da que pensar.


Sin necesidad de ponerme de huelga he podido echar la mañana marioquintaneando. Los alumnos la han hecho por mí. Ha sido muy provechosa

lunes, 27 de septiembre de 2010

Un girardiano de bodón

Ante una fiesta, y más cuanto más grande, el giradiano se pregunta dónde está el sacrificio. Si la fiesta es una boda, la pregunta es inquietante. Que entren dos y salga un cuerpo solo, o en camino de hacerse, es un milagro, pero a uno le cuesta trabajo verlo como un sacrificio, la verdad. Con todo, sacrificio tiene que haber y el sacerdote, por si cupiesen dudas debajo de un crucificado enorme, avisa al marido de que habrá de amar a su esposa como Cristo amó a su Iglesia, nada menos.

Lo que se sacrifica en una boda, pensé (a medias con Chesterton y su Superstición del divorcio) es la libertad futura, la posibilidad de ir amando a todas las mujeres, que se lo merecen. O sea, escoger a una entre todas las mujeres (aquí, un oportuno toque mariano). No es pequeño sacrificio, aunque sea gozoso. Por eso se merece una celebración por todo lo alto.

Cuando no se hace el sacrificio en serio, no viene a cuento la celebración. Al menos desde el punto de vista de un girardiano irredento. No fue el caso, y lo pasamos de miedo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Mi familia (política) al derecho y al revés

El otro día Leonor me sorprendió clamando al cielo: "¡Un marido, dos perros y una hija es demasiado para mí!". Yo me quedé sorprendido, porque en ese momento estaba intentando montar (sin éxito) la silla de seguridad en el coche.

Lo he contado en una reunión familiar y mi cuñado, muy serio, sorprendido él mismo, ha preguntado: "Pero, ¿los perros, los pobres, qué molestan?"

viernes, 24 de septiembre de 2010

El último trago

Las picaduras de los mosquitos de septiembre son terribles, reconcentradas. Conscientes de que el frío echa el cierre al chiringuito, apuran el último trago hasta el fondo, de un tirón. Les falta dar un golpe en la barra con el vaso vacío, mientras dicen: "Argh". O ni eso les falta, que hace nada zumbaban alegremente y ahora rugen.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Sensación de vivir

En parte por el mal cuerpo de uno de los primeros madrugones del curso, después de una noche movida; en parte porque, probando las herramientas del programa Evernote, había capturado mi imagen con la cámara del ordenador y había quedado impresionado, cazador cazado, con mis arrugas y bolsas en los ojos, por todo eso, estaba predispuesto a que me pasara lo que me pasó.

Cuando se me acercó la alumna y se asomó sobre mi hombro y me preguntó en un susurro por la clave del wi-fi de la biblioteca y sentí su olor a recién salida de la ducha y vi su melena mojada y su sonrisa, me entró una oleada de sen... sación de vejez. Podía haber sido de sensualidad, claro, pero eso no hubiese sido una novedad. Fue de vejez. Sentí el vértigo del abismo del tiempo, de su paso; pero no con rabia, sino con aceptación, no con pesadumbre, sino si acaso con pesantez. La clave del wi-fi no la sabía.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Efecto Quintana

El momento peligroso del artículo de hoy es cuando cito un aforismo de Quintana y digo, sin más, sin explicar que una cosa es un poeta y otra un político, que más o menos lo podría haber dicho igual Zapatero. No lo sé, pero si Mario Quintana supera esa prueba, sería ya la pera. (Ahora tengo un poco de cargo de conciencia de haberle hecho pasar por ese trago.)

martes, 21 de septiembre de 2010

Más asombro

Miró por la ventana, se volvió y le dijo: "Mamá ¿tú sabes que todos los días se hace de noche?"

[Rafa Méndez, 3 años. Mamá es una prima de Leonor, o sea, que el genio es mi sobrino, político, pero sobrino.]

lunes, 20 de septiembre de 2010

Otro asombro

La vuelta al cole se les vende a los niños con eso de que se van a reencontrar con sus amiguitos. También debería vendérseles que van a encontrar amiguitos nuevos. Como profe, ese es mi caso todos los años, y éste más. A mi departamento en el Instituto han llegado dos nuevos colegas. Si yo fuese mi admirado Julián Marías, podría reflexionar sobre el impacto en la vida biográfica cuando nos encontramos con otras personas y las trayectorias que se abren, las posibilidades de influencias y enriquecimiento mutuo, etc.

No soy Marías. Así que me contento con disfrutar de un asombro más elemental o naíf: la existencia de tantas personas que desconozco y que llevan sobre sus hombros una porción tan grande y tangible de realidad. Me hablan de sus maridos e hijos, de sus trayectorias profesionales, de sus ideas pedagógicas, de sus ilusiones y miedos, y yo les escucho asombrado de la casi infinita riqueza de los seres humanos.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El síndrome Sansón

Lo padezco. Y tengo mucho interés en saber si es algo generalizado. Cuando me pelo pierdo toda mi fuerza (y como física no hay mucha que perder, pierdo sobre todo la intelectual). Venía notando esos efectos de hace tiempo, pero habida cuenta de lo torpe que estuve antes de ayer, todo el día, después de ir al peluquero, ya he visto claro que es un síndrome. Me pica todo el cuerpo y tengo como una leve sordera, y estoy lento e incómodo, como medio mal dormido. Se puede aventurar una explicación científica, para dejar a la bíblica en paz. Esos meneos de cabeza, inclinada para acá, y para allá, la sensación lorquiana de la navaja en la nuca, los retorcimientos de oreja, el cepillado final de la caballera, la raya hecha a presión y con la ayuda del secador, la amistosa conversación animada… Poco a poco, todo te va aturullando. Luego, lógicamente a uno le cuelan todos los goles del mundo durante las siguientes horas. Sin embargo, hay una conexión con lo bíblico que me escama: yo siempre voy a pelarme cuando me lo dice mi mujer.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Versos que el viento me trajo

Un comentarista del BB (blog Baltanás), en una entrada que se ha volatizado, añadió a la añada 2010 de libros de poesía, un título de Karmelo C. Iribarren. Es el negativo de Carmelo G. Acosta, o la kruz de su cara (el canto es de los dos). El caso es que me gusta mucho K. C. I., y era, encima, un libro para niños: Versos que el viento arrastra. No me pude resistir y se lo encargué a nuestra librera preferida. Y entre unos y otros vientos me llegaron sus versos, muy sazonados de greguerías, entre los que el barbero del rey de Suecia nos ha seleccionado tres poemas:
.......LO QUE DICE LA FAROLA

Qué vida
más arrastrada:

de día
los perros
y de noche
los borrachos.

Por qué
no nacería
lámpara.

............***

.......LA TRISTEZA

Un gorrión
muerto
en la acera:

Un truco de la tristeza
para decirnos que existe,

sin ponernos
muy muy tristes.

............***

.......DÍAS CORTOS, NOCHES DIMINUTAS

Qué cortos parecen los días
y qué diminutos los noches
cuando vas sentado en un tren
que pasa por muchos túneles.

............***

.......LAS ESTACIONES

Las estaciones
sirven
para tres cosas muy importantes:

para que lleguen los trenes,

para que se vuelvan a ir,

y para que lloren los enamorados.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

lunes, 13 de septiembre de 2010

Leve toque maestro

José Jiménez Lozano, en Historia de un otoño deja caer una joya de ironía. En la historia, el amable abate Dubois hace una exposición del desengaño que la vida supone tanto para las monjas como para las señoritas que se casan y que se habían pasado, previamente, el día hablando de amor y creyendo que es una batalla de rosas o de poesía; en todo caso, de inacabables desmayos del corazón... Pero (y aquí viene la joya en negritas mías) luego sucede que:
Su marido bebe o lee o anda tras otras muchachitas.
Es un levísimo toque maestro, aunque en mi conciencia haya resonado como un tremendo aldabonazo, y por sorpresa.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Y viceversa

“El mayor encanto de los bebés son sus mamás” me parecía uno de los aforismos más incontrovertibles de Mario Quintana. Y lo es, en términos generales, menos para sus papás.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Dolió

Me habían avisado, pero no lo bastante. “Es muy duro ser padre”, repetían. Y no lo digo ahora por el corazón en un puño del día de ayer, el primero que dejábamos a la niña sola, los dos trabajando. Ni tampoco porque la puñetera, enmadradísima, no permita que nadie le dé los biberones. (Como la pille Aído, la encarcela, porque Carmencita no es partidaria de la paridad para nada.) Tampoco lo digo por el sueño interrupto. Ni tan siquiera, por aquello, tan advertido, de que uno iba a pasar a un segundo plano para Leonor. Lo verdaderamente durísimo ha sido oír a ésta decir a aquélla: “A mí nadie me ha querido tanto en la vida”.

Eso me dolió. Mi primer impulso fue echarme al monte de las disquisiciones metafísicas, que si la inteligencia, que si la voluntad, que si el amor es esto y es aquello; pero no iba a convencer a ninguna de las dos.

Guardé silencio.

Aguanté como un hombre.

martes, 7 de septiembre de 2010

Anda, jaleo

Al ir y al volver al instituto paso por el barrio de José Antonio Primo de Rivera, que es el peor del Puerto y, por lo visto, uno de los más peligrosos de Andalucía. Con frecuencia hay varios coches patrulla y mucho follón de gente corriendo arriba y abajo. Yo siempre miro, por si descubro algo.

Ayer a las diez menos cuarto sólo estaban allí dos niñas chicas, de siete u ocho años, con su chándal rosa y su camisetilla blanca, sacudiéndose las manos. Se las sacudían tanto, con tanta fuerza, que me fijé mejor para descubrir con qué se las podían haber manchado, las pobres. Y no, que estaban tocando las palmas, pero con mucha energía, jaleándose una a otra, y la más gordita llevando el compás con zapatazos de la zapatilla su pie derecho, las dos tan rectas, tan rectas como se ponen las gitanas, que ya se doblan un poco para atrás, como un arco. Y dale que te pego a las palmas.

Yo apagué las noticias que iba oyendo en mi coche, y seguí mi camino encantado. La tristeza y la marginación se la estaban sacudiendo a base de bien.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Estrategia

Frente al paso del tiempo, las fotos se ponen de perfil. Esperan el momento preciso para dar la cara y cogerle la espalda.

domingo, 5 de septiembre de 2010

sábado, 4 de septiembre de 2010

Penitencia

La estación de trenes del Puerto se ha convertido en una estación de penitencia. Para mí lo es, además, de ida y vuelta. La estación de mi pueblo era pequeña, blanca y azul, encalada y con tejas, con una cantina de aire decimonónico y una inmensa higuera inmemorial tras una verja de hierro oxidado. Desde el andén se disfrutaba de una vista inmejorable del penúltimo meandro del río Guadalete entre salinas, como en un poema del primer Alberti: “¡Ay mi blusa marinera!/ Siempre me la inflaba el viento/ al divisar la escollera”.

Como iban a traer el AVE, tiraron aquella estación para hacer una nueva, adaptada a los tiempos. Siendo en nombre del progreso, nadie dijo ni mu. Y luego, mientras levantaban la nueva, aunque ya se iba viendo que era un horror funcional, un cubo de chapa sin gracia, como seguíamos ilusionados con el AVE, tampoco protestamos mucho. Cuando lo acabaron, efectivamente era un cubo ni tan siquiera grande, descomunal sólo como adefesio, cerrado herméticamente a las vistas y a las brisas, pero, habiendo pasado ya dos o tres años, se nos había olvidado bastante la vieja estación, ida para siempre.

Y ahora viene la penitencia de vuelta. Los amigos van apareciendo por el Puerto y nada más vernos preguntan qué ha pasado: ¿ómo nos han colado el timo de la estacioncita? Y nosotros, entonces, caemos en la cuenta, y la humillación es doble: por haber perdido aquella, tan bonita, y por el papel tan desairado que hacemos cuando son los de fuera los que se duelen más.

El último visitante se empeñó en que le dedicase mi columna de Alba. Me parecía un tema muy local para tratarlo en un medio nacional, pero él insistía con contundentes argumentos. Me convenció, como ven, y no sólo porque daba la casualidad de que era y es el director de este semanario, sino porque efectivamente la historia encierra una moraleja clara: el cuidado que hay que gastarse con la retórica del progreso, que, si te descuidas, te deja descompuesto y sin novia. Porque esa es otra: después, entre un paso para adelante y dos para atrás de los Presupuestos, el AVE no vino.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Incierta, sin duda

Como este número [el último del mes de julio] está dedicado al heroísmo, tenía previsto hablar de las familias numerosas. Pero lo primero que leí nada más comprar el Alba de la pasada semana, me hizo cambiar de planes. Naturalmente, lo primero que leí fue mi artículo (“naturalmente” viene aquí de naturaleza caída).

Contaba que estaba leyendo la novela Incierta gloria, y la recomendaba vivamente. Y eso mismo he estado haciendo con todo el que me cruzaba. Ahora, que la he terminado, he de relativizar mi recomendación. No creo que los lectores de Alba necesiten que yo les convenza de las virtudes heroicas de las familias numerosas y, en cambio, sí cabe dentro de lo posible (siendo optimistas) que alguien se anime con la novela de Joan Sales fiándose de mis palabras.

La novela, a partir de la mitad, se vuelve más incierta que gloriosa. Da melancolía y hasta rabia, porque las dos primeras partes de las cuatro en las que se divide son extraordinarias. La acción transcurre en el frente de Aragón durante la guerra civil, dentro de una brigada republicana formada por catalanes, pero se tocan temas universales y muy íntimos.

En las dos partes finales, sobre todo en la última, el interés se va traspasando de lo humano y teológico a lo sociológico y clerical. Al final el libro se convierte en una prueba irrefutable del empobrecimiento decisivo que producen los nacionalismos, incluso en los más inteligentes y talentosos, como sin duda lo fue Joan Sales.

El autor se empeña en convencernos de que las matanzas de religiosos en la Cataluña republicana obedecían a un milimetrado plan de los fascistas. Encima cae en el racismo más burdo: el villano de la historia no es un catalán de pura cepa, como parecía, sino “naturalmente” el hijo ilegítimo de un extremeño, como el personaje principal de la novela ya le había adivinado nada más echarle un ojo.

Entristece ver cómo el catolicismo cósmico, vibrante, trágico, trascendente de la primera parte de la novela, acaba reducido al eslogan de “¡Queremos obispos catalanes!” Un sacerdote pierde la fe, entre otras cosas que pierde, porque no le dejan predicar en catalán. Como motivo es asombroso, muy sintomático y poco intelectual.

La novela puede partirse, pues, en dos. La primera mitad, absolutamente estremecedora. Y la segunda de relativo interés, aunque sirva para estremecerse ante los estragos que hizo, hace y hará el nacionalismo, incluso entre los mejores.

jueves, 2 de septiembre de 2010

No pude atraparlo

Me faltaban unos cuantos poemas para mi libro, y oía su música, los tenía en la punta de la lengua pero no me salían. Se me ocurrió escoger algunos poemas de otros (ya sabéis, los poemas más míos) que respondiesen a mis expectativas o necesidades y ponerlos idealmente en los huecos, para que llamasen a los poemas míos míos. Uno de los que puse fue este de Blanca Andreu:

Con diplomacia
como para una cena de embajada
camufladas de condes o notarios
de viudas ricas o de camareros
se cuelan en el pazo
las golondrinas.
Y con el barro
de la tierra
y su saber
de arquitectos celestes
construyen sus moradas en los techos
de las cuadras y el viejo portalón.
Luego salen,
con el deber cumplido
a dibujar palíndromos
que en chino dicen
ven
amor mío
atrapamesipuedes.

No hace falta decir que no pude atraparlo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Tres meses y medio

Carmen es ya una señorita: mantiene erguida la cabeza y se ríe de todo. Para andar por el mundo no hace falta más, verdaderamente.

domingo, 20 de junio de 2010

Nos vemos —D.m.— el 1 de septiembre

Como hace dos años y prácticamente por las mismas razones de trabajo —corregidas y aumentadas— cierro el blogg hasta septiembre, aunque esta vez con más pena.

Seguiré escribiendo artículos, y teniendo en cuenta que el verano es una estación propicia a los chapuzones, siempre nos quedará el Trampolínk..., para quien quiera, claro.

viernes, 18 de junio de 2010

Lo mejor

Una de las actividades de fin de curso que realizo con mis alumnos se llama “Lo mejor”. No es que lo mejor sea, puntualizo, que el curso acabe, sino que, cuando cualquier actividad termina, conviene pararse para ver qué ha sido lo más provechoso. Como soy un firme partidario, aunque no tan practicante como me gustaría, de predicar con el ejemplo, voy diciéndoles lo principal que he aprendido de cada uno ellos, uno tras otro. Luego les pido que me digan qué, con independencia del programa, aprendieron de mí. Qué van a recordar cuando pase el tiempo y me encuentren en un supermercado y digan a su hijo: “Ese de ahí fue profesor mío y me enseñó que…”

Mi profesor de matemáticas de 4º de EGB, por irnos lejos, me enseñó a hacer el nudo de la corbata; un poco más tarde el de Sociales me descubrió al cantautor Paco Ibáñez y, por tanto, la poesía de Quevedo; el de dibujo técnico me dio unas clases prácticas de estoicismo, humildad y santa paciencia y el de Derecho Político, en primero de carrera, me introdujo en el complejo mundo de los esquemas sinópticos. “No hay profesor que no tenga algo bueno” es una frase que, aunque no dijo, bien podía haber dejado a la posteridad Plinio el Viejo.

Un alumno, llamado Párrega, por más que piensa, y pone cara de hacerlo, no logra acordarse de nada que yo le haya enseñado nunca jamás. Vaya. Espero, al menos, que cuando haga la compra con su niño en el dichoso supermercado recuerde vagamente que ese hombre le dio clase de algo.

Me asegura que eso sí. Bueno. Otros (Francisco Hidalgo de la Cruz y Jesús Jiménez Lobo) consideran que lo mejor del curso fue sin duda cuando les nombré, con nombre propio y apellidos, en una entrada de mi blog. Ah, se sorprende uno. Resulta una respuesta rara, algo así como si le preguntas a alguien cuál es el mueble que más le gusta de tu casa y te contesta que el espejo porque allí se ve a sí mismo. Una respuesta, a primera vista, un tanto egocéntrica.

Aunque luego lo pienso mejor (con el estoicismo geométrico de mi antiguo profesor de dibujo) y me alegro. Han comprobado en carne propia mis alumnos la sustancia narrativa que tienen sus vidas. Y, por tanto, las inmensas posibilidades de escritura que conlleva la libertad personal. Son los protagonistas y pueden ser, en buena medida, los autores. Si han aprendido esto, me puedo dar con un canto en los dientes. Muchas gracias.

domingo, 13 de junio de 2010

Memoria huérfana

CUANDO murió mi madre, sentí que me dejaban mi memoria entre las manos, que todo mi pasado dependía ya de mí. Yo, que hasta entonces me había centrado en celebrar, entusiasta, que el presente es un regalo, me encontré de pronto en la tesitura de tener que escribir elegías. La otra noche hice una sobre la casa de mi abuela paterna. Tengo serias dudas de que valga como poema. Aunque suene a paradoja, me falta experiencia en el trato con el pasado.

En cambio

sábado, 12 de junio de 2010

En coche, desde Sevilla, pero como los grandes navegantes

Qué ilusión y qué sorpresa
ver la primera gaviota.
¡Ya debo de estar muy cerca!

Vanitas vanitatis

Una de las cosas más extrañas que más a menudo tengo que oír es que se escribe por vanidad. Más asombroso aún cuando me lo dice alguien que también escribe. Pero ¿qué idea tiene éste de la vanidad y cuál de la escritura? Escribir es exponerse, y, de hacerlo por vanidad, sólo podría explicarse como un caso patológico de masoquismo: por afición a la vanidad herida. La vanidad herida, esa escuela de humildad, precisamente. La humildad, como la letra, con sangre entra.
El lector es un gran depredador. Escoge sin piedad lo que le gusta y rechaza y desprecia lo que no. Tiene poco tiempo, mucho que leer y la buena literatura es escasísima, así que lo habitual es que lo tuyo no le guste o que —más expeditivamente— no lo lea. El escritor ha de agachar la cabeza, y aceptarlo. Y susurrarse las palabras de Cervantes y de Rosales, que sabían bien lo que se traían entre manos: “Paciencia y barajar, que éste es tu oficio”.

Curiosamente, la gente ve aún más vanidoso (vanidad 2.0, diríamos) escribir en un blog. En realidad, es todavía más humillante. Al módico precio de 0 euros, al leve esfuerzo de un click, ofrezco lo mío a la aldea global. Pero de los miles de millones de potenciales lectores, más de cuatrocientos millones si contamos nada más que a los hispanohablantes, las visitas casi nunca superan el puñado. De ésas, la mayoría pasa sin decir de mu. De los siete u ocho que comentan algo, uno no te ha entendido, dos discrepan, otro te corrige una errata, alguno habla de lo suyo, y a veces alguien te agradece el trabajo. Eso, por lo visto, es peligrosísimo para la salud del alma.
Si lo fuera, que no cunda el pánico. Lo contrarrestan los amigos de carne y hueso. Cómo velan ellos por tu sencillez de espíritu. Insisten, por ejemplo, en tomar café o en salir a cenar o en que les escribas, pero no tuvieron ni un segundo para ver qué decías en tu blog. Les interesa que les escuches, no oírte.

Por si fuera poco, vienen de coche escoba, ya digo, los que insisten, alzando el dedo índice como un profeta, en que escribes por vanidad, por vanidad de vanidad y todo vanidad. Cuando me entretengo en dar explicaciones, ponen cara de sagacidad: “Entonces, ¿por qué escribes, en, en?” Además del dinero, si lo hubiera, replico medio cínico, escribo, añado medio cándido, por placer, por gusto, por vicio, por el arte por el arte. El amor (por la literatura) es así. Me merece la pena.

viernes, 11 de junio de 2010

Dos versos de E.S.R.

En el pecho de un hombre cabe el mundo
[...]
y aún sobra mucho espacio.

[Oír la luz, Tusquets, 2008, p. 137]

jueves, 10 de junio de 2010

Huele o no huele, esa es la cuestión

“Algo huele a podrido en Dinamarca”, clama Marcelo; y el espectador ha de preguntarse entonces si Shakespeare está hablando de cualquier país o de Inglaterra en concreto. A pesar de la contundente sonoridad del endecasílabo español, a la que debe parte de su popularidad, se ve aquí también la miseria irremediable de la traducción. En inglés está todo más claro: Something is rotten in the state of Dennmark. Y entonces sí que sale solo preguntarse: In every state or in our state? La palabra “Estado” ayuda mucho, como se ve. Y otra cuestión fundamental: el olor. Parece que en la versión original no hacía falta que nos huela, que puede haber una podredumbre inodora. Eso explica muchas cosas.

lunes, 7 de junio de 2010

La atracción del fracaso

Anoche me disponía a escribir un indiscutible artículo-reseña para Alba sobre Sociedad limitada, el último libro de Miguel d'Ors. Para llamar la atención del respetable, empezaría por el explosivo final del poema "Autorretrato condicional", que es como recibir a puerta gayola:
iban a ver ustedes
un miguel d’ors que nunca sospecharon:
con el cetme en la mano, monte arriba,
detrás de la bandera rojigualda,
el Crucifijo al cuello,
disparando con toda la intención
y gritando “Por Dios y por España.”
Pero en realidad se trataba de defender una lectura de d'Ors donde el factor clave (lo dice el título del libro y el prólogo insiste) es su rechazo a la modernidad. Más claro, si cabe, en Más virutas de taller: "Mundo actual: como en los espejos del callejón del Gato, sólo aparecen con buena figura los que son deformes". Desde luego, ese rechazo estaba ya presente en todos sus libros, pero ahora se subraya un aspecto que ilumina muchos versos de d'Ors y, sobre todo, muchas de sus posturas. Le espanta el éxito y la gloria. Pura lógica d'orslógica: eso sería salir favorecido en los reflejos del callejón del Gato. El poema "Mis siete motivos para desear que no me dediquen una calle", además de su impecable factura y su gracia, es una calle con salida porque está conectada a esa rotonda de su visión de la vida. Lo mismo puede decirse del poema "De fuegos y buitres", que sin estas premisas podría parecen un pico exagerado. Y yendo más atrás, se entiende que cuando dedicó Es cielo y es azul (1985) "A mis hijos, que me ayudan a no ser un triunfador, con mi gratitud", no había, como pudimos, ingenuos de nosotros, pensar en su momento, ni una gota de acíbar, sino un muy sincero suspiro de alivio. Menos mal, suspiramos ahora nosotros, que la poesía se le presenta de improviso al maestro, como Ava Gardner a Mario Cabré (fíjense, fíjense en las implicaciones morales de la imagen) y le hace más difícil escapar, si no al éxito, por lo menos a la gloria. Es una nueva línea de lectura que permitiría entender un poco mejor su obra y por tanto disfrutarla aún más. Pero no sólo sus hijos le ayudan a no ser un triunfador. Mi hija se acaba de apuntar al juego: se puso a llorar sin pausa y no me dejó escribir sino un artículo normalucho e interrupto, entre nana, arrumaco, inexperiencia y desesperación. Y yo, ay de mí, que pensaba concluir convenciendo inapelablemente a los grandes del mundo de la cultura que la mejor forma de castigar tanto desapego de d'Ors era premiándolo sin parar. Jorobándole, que se lo merece...

domingo, 6 de junio de 2010

Calamaro lo clava

Recuerdo bien cuando mi hermano Nicolás me encomió un disco de Andrés Calamaro con estas palabras: "Es un poeta". Hice el esfuerzo de no poner la cara de escepticismo de cuando escucho a los locutores de los 40 usar del epíteto homérico: "Sabina, nuestro poeta urbano". No pude. Hoy me arrepiento porque Calamaro lo ha clavado; y le ha dado medio hecha una campaña cultural al PP, que debería repetirlo, como hago yo. Pero no la aprovechará, porque los del PP también quieren ser progresistas. Yo, mientras tanto, a lo mío, que es el remordimiento: Calamaro es un poeta, efectivamente, Nicolás. Hay que estar tocado por la musa del epigrama para decirlo así de bien:
Progresía es prohibir.

sábado, 5 de junio de 2010

viernes, 4 de junio de 2010

Un escenario

Cuando mis abuelos maternos vinieron al Puerto a conocer a mi familia paterna, después de la cena hicieron tertulia en el patio de la casa, en una sillas de enea. Mis abuelos salieron encantados, comentando, eso sí, que tenían la impresión de haber participado como figurantes (“un señor de Murcia y su señora”) en una obra de los Álvarez Quintero. Siempre había visto aquel comentario como un quiebro irónico de mi abuelo ante el noviazgo exótico e irremediable. Ayer, sin embargo, anduve diez minutos por la calle de la casa de mi abuela del Puerto, entregando (Ayuntamiento, la SS, el Banco, etc.) los papeles de mi niña, que parece un ministro con tanta burocracia, y lo que oí por la calle me pareció, efectivamente, álvarezquinteriano. Qué melancolía me dio vivir en las asépticas afueras. Delante de mí, caminaba muy pinturera una rubia y al pasar por un bar, un vejete, muy ágil de reflejos, se vuelve y le susurra: “A ver cuándo te lleva a su programa Juan Imedio..., niña”. Poco después, un señor lustroso, gesticulante y reipeinado, le decía a voz en grito a otro mayor, cano, con una guayabera y un bigote: “Me encontrao esta mañana a un cabronaso de izquierdas y le he dicho: ‘¡Y ahora Zapatero…’”. Acepto que la gracia de esto es relativa, y que a lo mejor si llega a ser un cabronazo de derechas yo estaría hablando ahora de la intolerancia y tal y cual, pero el caso es que me reí por lo bajini, lo confieso. A los diez metros, una señora gorda tropieza con un trozo de acera levantado y protesta. Su marido, también redondo, descamisado e imperturbable, le replica: “Mejó te llega habé caío y le sacamos al Ayuntamiento lo menos 100 €”. Doy tres pasos, y una disminuida psíquica le desea a una chica que se ha parado a besarla: “Que encuentres trabajo”, a lo que la chica replica: “Mari, Mari, ¡pero qué poco me quieres!” Y ya no oí nada más porque había llegado a Hacienda y entré, muy serio, a pedir los 2500 € de Zapatero, ese benefactor.

martes, 1 de junio de 2010

El carácter erótico

Jan Twardowski lo tiene claro:
Mi impresión es que la lírica religiosa debe asemejarse a la poesía de carácter erótico […] La lírica religiosa, al igual que sucede con la amorosa, debe estar llena de admiración, de anhelo, de inquietud, de tristeza, de desesperación; tiene que ser capaz de tocar toda la escala de las emociones más genuinas.
Y yo digo: Amén. Pero me confirma luego, y me hace gracia, ver una coincidencia suya casi literal con el último libro de Abelardo Linares, titulado significativamente Y ningún otro cielo. Es un poemario rabiosamente amoroso y, en ciertos momentos, se asemeja a la poesía de carácter místico. La coincidencia que digo es entre un verso de Abelardo en el poema “Oración”, que reza:
tu sonrisa que quita los pecados del mundo.
y éste de Twardowski:
¡Sonrisa del Cordero de Dios, ten piedad de nosotros!
Claro que enseguida se nota que Abelardo Linares está hablando sólo de una mujer, como en esta soleá, que nos arranca otra sonrisa, más de autocompasión:
Tú no quieres que te quiera
ni que deje de quererte,
sino que yo te comprenda.

lunes, 31 de mayo de 2010

domingo, 30 de mayo de 2010

Bautizo

Una de las cosas que más extrañeza me produce es que mis tíos sean tíos abuelos y mis hermanos y primos pequeños, tíos. Todos lo eran ya por un lado u otro, pero ahora me pasma. Mientras iban entrando, yo hablaba con don Federico, el sacerdote, recientemente ascendido a Vicario General de la Diócesis, sobre la importancia del Bautizo y le citaba a don Álvaro d’Ors (“El bautizo es, incomparablemente, el día más feliz de la vida”) y a Flannery O’Connor y su río. No sé si lo hacía con la pretensión de apuntarle temas para su homilía, espero que no, aunque con uno mismo nunca se sabe. En cualquier caso, la homilía fue muy catequética, sin meterse para nada en dibujos literarios. Hizo bien don Federico. A mí, a pesar de la sonrisa generalizada que produjo la retahíla de nombres de la niña, me rondaba como una mosca obsesa la idea del bautismo como muerte del hombre viejo, y sentía, lo confieso, un difuso fondo de tristeza por Carmencita. Sé que es una muerte de la que se sale de una vez para siempre resucitado, pero el corazón tiene sus razones, etc. Para compensar, poco a poco se fue imponiendo en la capilla un olor a rosas o a nardos delicioso. Pensé que sería el óleo perfumado con que habían ungido la espaldita de Carmen para que triunfe en el combate, ay, de la vida. Cuando acabó la ceremonia y fui con un tarrito a recoger el agua bendita, lo comenté con el cura. “El óleo no es, no huele tanto”, me dijo, también él intrigado con el misterio. “Umm, qué bien huele", decíamos a cada rato los dos. El misterio se disipó antes que el perfume. Tía (¡abuela!) Alicia había traído de Tierra Santa un bote con agua del Jordán para bautizarla. Como lo trajo antes de que nos quedásemos esperando (sí, sí, antes, porque la fe mueve embarazos), lo guardó en su congelador. Con la dilatación, se rompió el bote, me contaba, y recogió el agua con mucho cuidado, colándola bien, en un viejo frasco, que limpió mucho, de aceite perfumado. Por eso, ah, el olor. Cuando se lo conté al cura, se rió de buena gana, un poco decepcionado. Tampoco tenemos que menospreciar, propuse, las causas segundas.

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viernes, 28 de mayo de 2010

El parto

Algunos opinan que eso de que los progenitores A entremos a los partos es una moda moderna más, otra parida paritaria, un gol que el progresismo nos ha colado para acabar con el romanticismo matrimonial. Yo no creo que el origen de esta costumbre sea ideológico, sino médico. Antes del uso generalizado de la anestesia, las mujeres, con los dolores del parto, daban en insultar furiosamente a sus maridos, según se cuenta. Los consideraban los directos responsables de su situación, y los únicos, lo cual era ya más discutible. Prudentemente, los hombres se salían (por la tangente) a fumar a la calle, esperando el feliz desenlace fuera del alcance de los dardos dialécticos de la parienta parturienta. La epidural lo cambia todo, y el marido puede entrar sin grave riesgo para su dignidad. Distinto es que deba hacerlo.

Mi corta experiencia —un solo parto— es suficiente para tener claro que no es bonito, y propagar lo contrario es publicidad engañosa. A pesar de la epidural, tu mujer las pasa canutas, y uno no puede hacer más que dar una manita cuando quisiera echar una mano. Luego, está la fuerza con la que tira el médico del bebé con una ventosa. Hay una mezcla de delicadeza y de violencia, ambas extremas, que sería muy curiosa de observar si la cabecita donde se concentra esa paradoja no fuese la de tu hija. Las imágenes se amontonan, de todo tamaño y dignidad, desde el paso del Mar Rojo hasta el descorche enconado de una botella de un vino muy valioso.

Cuando la criatura, por fin, sale entera, le dan una vuelta de campana agarrándola por los pies, cortan el cordón con una tijera inmensa, y se la pasan a un pediatra que le pega un golpe que si llega soltarlo un profesor de instituto a un adolescente lo meten en la cárcel, por lo menos. En ese instante, todo el equipo médico te mira, esperando que sueltes unas lagrimillas de emoción, y tú bastante tienes con no soltar exabruptos y maldiciones gitanas. Se sale del paritorio tambaleándose, con el corazón en un puño, pensando que mejor hubiese estado uno en la sala de espera, desgranando rosarios, y esperando a ver llegar a una niña sana y salva y a una madre desfallecida, pálida y dichosa.

¿Quiere decir esto que estoy en contra de entrar? En absoluto. Si a la madre incomprensiblemente le consuela la presencia impotente del pasmado padre, hay que hacerlo y aguantar como un hombre. Por duro que sea, no tiene comparación con lo de ella, que lo lleva de maravilla. La paridad en el paritorio es imposible; y uno debe estar a lo que mande la que manda.

jueves, 27 de mayo de 2010

Primer piropo

La salus, con el halo de autoridad que le otorga haber cuidado a cientos y cientos de bebés, después de una semana de continua observación, dictamina con un aire por fin sinceramente admirativo: "Lo mejor de esta niña..." --y yo contengo el aliento como si estuviese en la ceremonia de entrega de los Oscar-- "lo mejor de esta niña es... cómo eructa".

Lo bueno (además de que no se me va a atorar) es que a partir de ahora todos los piropos que reciba en su vida irán a más, espero.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Ay

Quería haber escrito un artículo de fondo girardiano y teoría política. Según unos amigos me ha salido una extravagante defensa de Zapatero. "Será la paternidad", dicen, "que te ha reblandecido".

No pregunto si los sentimientos o el cerebro.

martes, 25 de mayo de 2010

Agradecimientos

A menudo aquí los rompimientos de gloria los ponen los comentaristas. Qué buenos ayer los aforismos de CRM ("El paraíso sería más que los otros un nosotros; y no necesariamente un nosotros de dos") y de Juan Ignacio ("El limbo ya no existe más. (Inocencia perdida)"). Anteayer, un anónimo me aclaró que la cita que me rondaba la cabeza era de José Mateos, y JuanMa hizo una certera antología de mi artículo. Todo un lujo.

Un comentarista habitual de este blogg, José Manuel Mora Fandos, me dejó, no aquí sino en su libro Leer o no leer, que no hay que dejar de leer, una joya. De Pla, nada menos, sobre Dante, encima. O sea, tres viejos amigos. Desconocía la cita, que se le escapó a Valentí Puig en su indispensable Diccionario Pla de literatura, y es una pena porque las opiniones sobre Dante que recoge no valen lo que ésta. Mora Fandos la lleva a su libro para argumentar a favor de la relectura; yo la traigo aquí por la impresionante, grandiosa iluminación final. Lean:
Hubo libros que no se me abrieron hasta la segunda o tercera tentativa, y tras un considerable numero de años sobre ellos. Comencé la lectura de Dante en Florencia, a los veintiún años, en 1920. Hasta pasados los cuarenta y después de esfuerzos reiterados no llegué a comprender algo de la impresionante, grandiosa, simplicidad del poema.

lunes, 24 de mayo de 2010

Conversación

–El infierno son los otros –dijo Sartre.

–Y también el paraíso –apostilla felizmente Ramón Eder en su recomendable Ironías.

–Uno es el purgatorio (o está en el limbo) –añado yo.

domingo, 23 de mayo de 2010

Un contraste brutal

No recuerdo quién (y me gustaría saberlo) afirmó que un buen poema es aquel que puede recitarse en presencia de un moribundo. Puede hablar de cualquier cosa, ser alegre, por supuesto, o divagatorio, pero en todo caso ha de ser digno de ser oído en en la habitación de un enfermo. Tras lo de Susana, he visto claro que las clases deben ser igual, traten de lo que traten.

La vida es demasiado frágil para ser frívola.

viernes, 21 de mayo de 2010

Sobre la cuna


Mi suegra se asoma constantemente a la cuna y repite, admirativa: "¡Hay que ver lo que la niña se parece a su padre!", con cara de felicidad y con la voz trémula y embobada.

Desde luego, un bebé es un milagro.

jueves, 20 de mayo de 2010

Lema

Pasa el día un amigo con un escritor fecundo, brillante y reconocido, y por la noche, al escribirme, me hace este diagnóstico: "No pierde en las distancias cortas: ni complacencia ni maledicencia". ¡Oh, qué ejemplo!, exclamo sin ironía, casi sin envidia, con admiración doble: al escritor y a mi amigo, que supo verlo y expresarlo. Es la aplicación perfecta del In medio virtus aristotélico al mundo de la literatura.

"Ni complacencia ni maledicencia", me lo pido como lema.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Etimología

Tom. del lenguaje coloquial: ná, ná, meneando la cabeza de izquierda a derecha, cariacontecido, con mala conciencia, respondiendo a la pregunta insistente de si le has escrito ya a la niña sonetos, octavas reales, décimas, artículos, soleás o, por lo menos, un haiku. Por tanto, podemos deducir que la palabra procede del hecho de quedarse sin palabras ante el milagro de un bebé. Entonces se recurre a la canción, tradicional o de autor, que pasa a llamarse nana.

lunes, 17 de mayo de 2010

Elemental

Ayer por la tarde decidí pagar el tributo al aparcacoches pirata del descampado del hospital. Hay uno del ayuntamiento en horas de oficina, que va con una gorra y un chaleco reflectante. El pirata hace su trabajo en cuanto el otro se marcha. No sé desde dónde lo vigila. Llega y se pone bajo una sombrilla polvarienta, sentado en una silla de playa raída, tomándose un cubata perenne (o varios sucesivos) en vaso largo y tintineante. Yo le he estado huyendo estos dos días: "No, no, ya pagué esta mañana". Ayer, mientras le soltaba el euro, me preguntó, muy interesado, sin rencores: "¿Qué tal está la niña?". Le miré atónito: "¡¿Cómo lo sabe?!" Sonrió, y señalándome con una mano muy sucia y llagada la maletita rosa con florecillas que llevaba en el hombro, dijo: "Elemental".

domingo, 16 de mayo de 2010

Reluce más que el sol

En la intimidad familiar y en el bautizo, Carmen (mujer, jardín, poema) se llamará además C., y también G. y, finalmente, B. Celebraremos cuatro o cinco santos al año. Con eso contábamos. Lo que no teníamos previsto es que la niña se adelantase 11 días hasta nacer con tres cumpleaños distintos. Como lo ha hecho hoy, uno de los jueves que reluce más que el sol, aunque sea domingo, cada día de la Ascensión será ¡fiesta de cumpleaños! También es hoy domingo de la feria del Puerto, fiesta civil que unos años cae en una fecha y otros en otra y que en todas será... ¡fiesta de cumpleaños! Y luego cada 16 de mayo será otra fiesta, por supuesto, en la festividad de san Simón Stock, inglés, ea, y carmelita, toma, y encima el que recibió de manos de la Virgen el escapulario del Carmen, con lo que entronca con su santa patrona.

A mí todas esas fiestas me parecen pocas para la alegría que tenemos. Hace unos meses, en la entrada de mi cumpleaños, un comentarista proponía que celebrásemos los cumpledías. Me pareció una idea estupenda. Con Carmen casi vamos a ponerla en práctica.

viernes, 14 de mayo de 2010

Cito de memoria

Trabajo día y noche, a contrarreloj y a contrapelo, en un artículo largo sobre Miguel Hernández, pero no me pesa. A cada rato recuerdo a mi madre, que era muy hernandiana. Como en otras familias entre el Sevilla y el Betis, mis padres jugaban a los poetas enfrentados, y mientras que uno era de Alberti, su paisano, la otra era de Hernández, su paisano. Mi madre incluso se permitía sus puyitas a Rafael y, si mi padre me leía por las noches “La nana de la tortuga”, ella recitaba por los pasillos, con mucha parafernalia dramática, los sonetos de El rayo que no cesa. Cito de memoria, porque allí los tengo grabados, y en su voz:
Te me mueres de casta y de sencilla,
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que raptor intrépido de un beso
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.
Curiosos gustos en una casa recalcitrantemente conservadora.

jueves, 13 de mayo de 2010

Lecturas no obligatorias

Dos fragmentos de particular interés general de la reseña que publico en Clarín sobre Lecturas no obligatorias (Alfabia. Barcelona, 2009), de Wislawa Szymborska:
[...]
“El humor como hermano menor” es un gran artículo, donde se asevera: “El humor es el hermanito pequeño de la seriedad. Son algo así como Epi y Blas, pero en formato cósmico. Y entre los hermanos hay una tensión constante. La seriedad mira al humor con la altivez que brinda la mayoría de edad y, por este motivo, el humor se siente acomplejado y desea en lo más profundo de su alma ser tan juicioso como lo es la seriedad, cosa que, por fortuna, no puede conseguir. […] Opino que tanto la gravedad como el humor son igual de valiosos y, por ello, espero con ansia el momento en que la seriedad comience a envidiar al humor a modo de revancha”. Pruebas de humor a lo largo de Lecturas no obligatorias no faltan.
[...]
Lecturas no obligatorias refleja el mundo entero de Wislawa Szymborska. Hay un incontestable argumento a favor de los temas menores (“Claro que tengo mayores preocupaciones, pero eso no es motivo para que no tenga otras más modestas”), cierto orgullo mal disimulado y bien justificado (“… y una gracia que ni siquiera le es concedida a todos los poetas”), una insistencia muy suya en la perplejidad (“Aunque continúe sin saber nada realmente fundamental tras su lectura, ese nada ha perdido todo su sentido primitivo y ha adquirido una profundidad socrática”), un optimismo de dimensiones chestertonianas (“‘El mundo ordinario’ no existe para mí. Cuánto más sabemos de él, tanto más enigmático se torna, y la vida que en él existe se nos revela como una extraordinaria anomalía cósmica. Un árbol que crece y el murmullo de sus hojas: con eso tengo más que suficiente”), una minuciosa atención a las paradojas de la realidad (“Ya se sabe: para curarse hace falta tener la salud de un toro”) y un muestrario casi completo de los temas que protagonizan sus poemas: la vida cotidiana, las víctimas del terrorismo, Ella Fitzgerald, los animales…

miércoles, 12 de mayo de 2010

El click y el crack

Me gusta acudir a la cita que tengo todas las mañanas con los visitantes del blogg. Por eso, si no lo hago en dos o tres días, me siento mal y extraña mucho a los que mejor me conocen. La retórica de la humildad requeriría que ahora añadiese: "y otros sentirán alivio"; pero no, porque cualquiera puede aliviarse ahorrándose el click, y punto. Es muy raro visitar un blogg que uno prefiere cerrado cuando que no se abra (en tu ordenador) depende de un leve movimiento de tu dedo índice.

Lo que nadie habrá sospechado es que mi ausencia se debía a los vaivenes de la Bolsa, a su bajada meteórica y a su ascensión estelar. No me tiré por la ventana, como en el crack del 29, pero tuve que tirar a la papelera el artículo previsto y escribir uno nuevo a toda prisa.

domingo, 9 de mayo de 2010

Primeras Comuniones

El recordatorio es de mi sobrino, el pequeño Nicolás, un gran teólogo. El dibujo, el diseño, la letra y el niño son de Beatriz Mateos García del Salto, mi cuñada. El artículo de hoy en el Diario de Cádiz trata del asunto con palabras tan sencillas que no sabía si poner el enlace o no. Me han animado Chesterton:

«La gran debilidad del periodismo, como pintura de nuestra existencia moderna, proviene de ser pintura formada enteramente de excepciones. (...) Pero no puede esperarse razonablemente que el periodismo insista sobre los milagros permanentes. (...) No pueden contar los tenedores que no se roban, ni los matrimonios que no se disuelven (...). De ahí que toda su pintura de la vida sea por necesidad, falaz; pueden reflejar únicamente lo desusado. Por democráticos que sean, sólo se ocupan de una minoría».

Y Newman:

"No necesitamos buscar palabras con que expresarlo adecuadamente, porque en realidad no hay palabras demasiado buenas para este caso".

viernes, 7 de mayo de 2010

Siete vidas

Yo, tan perruno, acabo de descubrir, asombrado, que tengo siete vidas, como los inquietantes gatos. Y cada vida lleva sus cuentas. Para empezar, está el blogg, abierto en canal, a la vista de todos. Luego, llevo un diario, donde apunto lo que he hecho, y una agenda, donde apunto lo que quiero hacer, o sea, la realidad y el deseo. También hago cada noche mi examen de conciencia, que eso sí que es la realidad y el deseo en el término de un día. Burla burlando, ya van cuatro vidas, ni paralelas siquiera. En una carpeta gris guardo, sin demasiado orden y ningún concierto, mis papeles y facturas, y ahí aparece otro EG-M, con NIF y todo, que es una pieza más en el engranaje del mercado, y compra y vende y paga sus impuestos de mala gana. Cada año abro un documento de Word en el que apunto los libros que me leo y en qué circunstancias y con las ocurrencias al margen. Una vida de lector puro, ésa, que debe de extrañar mucho al del NIF. Finalmente, cuando los sueños son intensos y extraños, me gusta recordarlos, con sorpresa, y a veces, incluso, con espanto. Y los apunto. Esa vida sí que es rara y aunque no parece talmente mía, debe de serlo porque yo la sueño y le dedico mis buenas horas de cada noche.

jueves, 6 de mayo de 2010

El necio

Enseñar a necios es como pegar tiestos rotos;
hablar a quien no escucha,
como despertar a alguien de un sueño profundo.
Quien razona con un necio razona con uno dormido;
al terminar le dirá: "¿Qué pasa?"
Por un difunto, llora, pues le falta la luz;
por un necio, llora, pues le falta la inteligencia.
Por un muerto, llora con mesura, pues ya descansó,
pero peor que la muerte es la vida del necio.
El luto por un difunto son siete días,
pero por un necio e impío, todos los días de su vida.
No hables demasiado con un necio,
ni andes en compañía de un insensato.
Guárdate de él, para no tener disgustos,
y no te manchará al rozarle.
Aléjate de él y hallarás descanso,
y no te aburrirá su necedad.
¿Hay algo más pesado que el plomo?
¿Cuál es su nombre, sino "el necio"?
Arena, sal y bola de hierro son más fáciles de llevar...

...................[Eclesiástico 22, 7-18]

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mi vida política interior

La explica más meticulosamente Jünger que Bergamín:

Mi vida política interior se asemeja a un reloj cuyas ruedecillas girasen a la contra unas de otras; pues yo soy, al mismo tiempo, un güelfo, un prusiano, un partidario de la Gran Alemania, un europeo y un ciudadano del mundo —pero en la esfera del reloj podría imaginarme un mediodía en el que todas esas cosas sonsonasen armónicamente.

[París, 1 de agosto de 43]
No lo cito en el artículo porque hay demasiado mutatis mutandi que hacer. Donde E. J. dice "güelfo", yo pondría güelfo negro, como Dante; donde "prusiano", tecnócrata; donde "Gran Alemania", Hispanidad; donde "europeo", occidental; y donde "ciudadano del mundo", católico. A pesar de tanto cambio, Jünger y yo sufrimos contradicciones parecidas y soñamos con idéntico mediodía. Pero para no liar, mejor citar a Bergamín, al que esta vez no hay que mutarle nada de nada.

martes, 4 de mayo de 2010

Todo corazón

En la primera ecografía era un punto de luz palpitante. Nosotros veíamos una estrella. “Es el corazón”, corrigió la médico. Más tarde, vimos la sangre azul y la roja, aunque el médico señalaba arterias y venas. Y de vez en cuando el ginecólogo nos dejaba oír un poco, pero muy poco, pom-pom, el corazón. Anotaba lo suyo, todo normal, y pasaba a otra cosa. Ayer fuimos a monitores y estuvimos oyendo el corazón de la niña durante una hora larga, sin interrupciones. “Suena como el trote de un caballo”, susurró la enfermera. Yo lo oía como la galopada tendida de un regimiento de lanceros al ataque, pero es que también oía el mío y suponía/superponía el de su madre, y, por qué no, el de la enfermera, más al paso, en la retaguardia. Y también el corazón de los muertos, más allá. Mientras la máquina tomaba sus mediciones, nos pusimos a leer, pudorosos. Me gusta leer con música de fondo, y nunca mejor que ayer. Mi libro era la edición del Apocalipsis de Cristóbal Serra, donde también galopan caballos y jinetes, cuatro; y el de Leonor, Silencio de Shusaku Endo. El corazón de Carmen era la música de fondo. La música. Todas las músicas del mundo son variaciones sobre el palpitar del corazón de una niña a punto de nacer. De pronto, entró la enfermera: “Ya os podéis ir…” “¿Ya?”, dijimos Leonor y yo a la vez.

lunes, 3 de mayo de 2010

Siete manzanas de decir manera

El amigo con el que había ido de librerías se quedó atónito de que comprase un libro de Benjamín Prado. No salía de su asombro. Le expliqué que tengo debilidad por los libros metapoéticos y fue peor. “¿Y qué te va a enseñar éste?”, y mi vanidad se hizo un lío pues no sabía si hincharse (“cree que lo sé todo”) o desinflarse (“pensará que soy un vaina por pagar 10 €”). Dejé a mi vanidad haciendo ejercicios respiratorios, y pagué el ejemplar. Y ahora el Barbero pondrá lo que ha recortado, y no sabe si destacar siete, una cita por manzana, o mejor 10, una por euro, para demostrarme que mereció la pena la compra. Que ponga mejor diez y así me convence más. Si algunas no van entre comillas es porque BP no las pone.

Novalis: [Un gran poema es] el que nos hace pensar que en él nada podría ser de otra forma. [Esta no es verdad. Hay grandísimos poemas a los que uno podría corregirles muchas cosas, pero que nunca, ay, podría haber escrito.]

T.S. Eliot: Un buen poema debe ser el resultado de toda la buena poesía que se haya escrito antes de él. [Vale, sí, de acuerdo, exagerando un poco…]

Blas de Otero: Tal vez pueda dudarse que haya que escribir como se habla, pero nunca creer que se deba escribir como no se habla. [Y no hay más que hablar. Vaya mi primer euro, pues.]

W. B. Yeats: De la disputa con los demás hacemos retórica; de la disputa con nosotros mismos, hacemos poesía. [Un tanto retórica la frase, sin lugar a dudas, pero me vale. El segundo € que recupero.]

Benjamín Prado: Que un poema no pueda ser perfecto no significa que no pueda ser imprescindible. [Amén, por la cuenta que me trae: 3.]

W. H. Auden: “Cualquiera que sea su futura vida como asalariado, ciudadano u hombre de familia, su existencia poética venidera siempre será un enigma para él. Nunca podrá decir: mañana escribiré un poema y, gracias a mi entrenamiento y a mi práctica, sé que lo haré bien. Ante el público, un hombre es un poeta si ha escrito un buen poema. Ante sus propios ojos, un poeta sólo lo es cuando está haciendo la última revisión de un nuevo poema. En el momento anterior no era sino un poeta en potencia; al momento próximo es un hombre que ha dejado de escribir poesía, tal vez para siempre”. [Duele pero vale, o vale porque duele: 4.]

Cernuda: [Critica a JRJ] “su rebusca de lo que quiere decir después de haber comenzado ya a decirlo”. [Y a Alberti] “sólo dos dimensiones, largo y ancho, faltándole la tercera, que es precisamente la que da alma: la profundidad”. [L.C. haciendo amigos, como siempre, pero, con independencia de la justicia concreta, sus apreciaciones son muy finas. Ya llevo 5 €.]

Joseph Joubert: Las únicas ocho o diez ideas verdaderamente importantes que existen en este mundo son las ocho o diez que todas las personas tienen en alguna ocasión a lo largo de su vida. [Es una buena idea, aunque ya la había tenido yo alguna vez.]

T. S. Eliot: El gran objetivo del poema: que los lectores usen las palabras del poeta para explicarse su propia existencia, para apropiarse de algo que ya les pertenecía. [El lector es un fingidor.]

Coleridge: Poesía es las mejores palabras en el mejor orden. [Nada que añadir: 6 €]

Paul Klee: “Lo visible es sólo un ejemplo de lo real”. [Oh, qué bueno, y ahora entiendo mejor que Gaya lo admirase tanto. ¿Voy ya por el 7º €?]

Cita entero el poema de Antonio Machado “El retrato”, porque BP cita muchos poemas, vengan o no a cuento, y entonces me acordé de la conversación sobre el mismo poema que tuvieron Bioy y Borges el 24 de mayo de 1959, verdaderamente iluminadora, aunque bajo una luz muy cruda:
[Borges] elogia a Antonio Machado, pero excluye de su elogio los poemas descriptivos de Castilla: “Ahí aparece como un turista”. Recita “Retrato” […] No hay que decir claro donde. Hay que decir donde madura el limonero aunque parezca mal medido. Tampoco hay que decir casi desnudo; sino desnudo, como lo hijos de la mar. Lo mejor del poema son los primeros versos y el que dice: amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario. Eso está compensado por el aliño indumentario y otras fealdades y cursilerías: la flecha que me asignó Cupido, los afeites de la actual cosmética y, por cierto, el gay-trinar. Dice Bioy: “Como lector, qué poco exigente uno es… O quizá habría que decirlo de otro modo: un solo verso bueno difunde su luz en el resto del poema… Por la nostalgia de un verso bueno, recordamos con agrado un poema tal vez cargado de imperfecciones. Uno olvida o no toma en cuenta para su estimación versos poco felices como el del aliño indumentario”. Borges: “En el que dice: ni un Mañara ni un Bradomín he sido el autor deja ver qué libros lee”.
También cita Prado el poema de Anne Sexton titulado “Ostras”:
Comíamos ostras,
pequeñas ostras dulces y azules;
doce ojos me observaban, inundados
de tabasco y limón.
Yo temía comer ese manjar paterno,
mi padre sonreía
bebiendo su martini
claro como las lágrimas.
Era una medicina muy suave que llegaba
del mar hasta mis labios,
gruesa y húmeda.
Entonces la tragué,
bajó como un enorme pastel de gelatina.
Entonces la comí a la una,
a las dos
y entonces sonreí, y entonces todos nos reímos.
Dejadme decir algo:
hubo una muerte,
la muerte de mi infancia
allí, en la Casa de las Ostras,
porque yo tenía quince años
y estaba comiendo ostras.
La niña que yo era fue vencida
y ganó la mujer.


No conocía a Sexton: un descubrimiento (un € más, como mínimo). [Busco y leo en internet toda la serie y la biografía que la sostiene. La traducción que da Prado es muchísimo mejor y además el misterio que guarda en sus profundidades el poema es más eficaz si lo leemos solo. La serie completa lo revela todo, por desgracia. Salgo con la sensación de una indigestión de ostras, como mínimo. No apto para menores.]

Marina Tsvietáieva: [La poesía puede reflejar la realidad] “pero no reflejarla como un espejo, sino como un escudo”. [9]

Esta imagen de Rilke es el 10 y es de diez: [Retrata al poeta] “como el mendigo cuya vida consiste en vender el hueco de su mano”. [¡Cuánto le habría gustado a Gaya esa imagen!]

Ya con las cuentas cuadradas, acabaré con un desacuerdo. Paul Valéry: “Toda persona es menos importante que lo más hermoso que haya hecho”. ¡Pero si lo más hermoso que ha hecho cualquier persona es ser!

sábado, 1 de mayo de 2010

Qué paliza

No soy capaz de recordar (ni Google me ayuda) qué escritor famoso recomendó a los padres del mundo que si algún hijo suyo salía con ínfulas de escritor, le diesen una paliza ipso facto. Si después de varias sesiones, el niño persistía, tenía auténtica vocación y, en consecuencia, la cosa era irremediable. Si no persistía, habían salvado al niño… y a los sufridos lectores. No sé qué pensará Maite Mijancos, nuestra experta pedagoga, del sistema. Yo tengo un vivo interés en recordar al autor de esta teoría educativa. Como otras veces, les pido auxilio a ustedes. Si alguien lo sabe, que avise. Este interés no tiene nada que ver —descuiden— con mi próxima paternidad.

Leyendo sobre Miguel Hernández, del que este año se celebra el centenario, he visto que su padre aplicó el método literalmente, y que no le dio ningún resultado o sí, según se mire, porque Cancionero y romancero de ausencias, qué libro. Y como una cosa lleva a la otra, he pensado en los ánimos y apoyos que siempre me dieron mis padres en todo, pero especialmente en lo literario. Me abrieron una cuenta en la Librería Universitaria. (Luego, espantados, me la cerraron, pero por una cuestión puramente financiera, sin afearme el desfalco.) A pesar de que les di motivos, no se quejaron jamás de mis veleidades ni de mis veladas ni de mis noches en vela ni de mis novelerías.

Quizá eso represente una desventaja grande para mí, me he suspirado. Quizá eso lo explique todo. Quizá sea mi pecado original: demasiada empatía. Una buena paliza a tiempo podría haberme convertido en un satisfecho registrador de la propiedad o, en su caso, podría haberme reafirmado y autentificado en esta grafomanía.

Sin embargo, no hay que precipitarse en las nostalgias. La vida misma, a poco que uno le pierda la cara, viene como una madrastra de cuento y me pega una buena paliza un día sí y otro, con mucha suerte, a medias. Si algunos noches consigo llegar—arrastrándome— hasta la mesilla y, a pesar de todo, enciendo la lámpara y leo poesía o, incluso, oh, me enredo con tres versos que no quieren coger aire, será que tengo verdadera vocación, ¿no? Y además un recuerdo extraordinario de mis padres.