sábado, 1 de diciembre de 2012

Un artículo frustrado

El artículo que tenía pensado para hoy y que he escrito ahora, no funciona. Tenemos un problema, Houston. Ahora tengo que hacer otro a uña de caballo, y a ver de qué. Pero el que quería escribir, aunque porque no fluye bien de lo privado e íntimo a lo público y de todos no valga, creo que tiene una idea interesante y útil. Que cojee de la pata formal es un motivo más que de sobra para no sacarlo en el periódico, pero no para no traerlo aquí, donde me lo perdonáis casi todo. Va. 


De novios y, luego, de casados sin hijos, mi mujer y yo a menudo quedábamos con bastantes escritores y sus mujeres. Antes o después, salía en la conversación que ella leía todas mis cosas, y además varias veces, y corrigiéndome —añadía yo— con delicadeza y acierto. Había un primer segundo de incredulidad en la concurrencia y, enseguida, viendo que no era una broma, de asombro. De asombro ligeramente triste en ellos y, a veces, de asombro ya definitivamente indiferente en ellas. En mi mujer brillaba una leve satisfacción de deber cumplido; y en mí la absurda creencia de que lo nuestro era lo lógico. 
Pero ha pasado el tiempo y con los niños, los trabajos y, todo hay que decirlo, mi grafomanía, hace tiempo que mi mujer dejó de poder leer y corregir lo mío. Es una cuestión espinosa, porque, como para escribir uno tiene que escurrir el bulto y encerrarse en su cuarto, se cae, con facilidad, en un círculo vicioso: uno produce más a costa de que ella tenga mucho menos tiempo (o ninguno) de leerte ni de leer nada, y eso, complica el asunto con cierto resentimiento inconsciente, quizá, y, por mi parte, con una mala conciencia bien cierta. 
Sin embargo, qué importante que tu mujer te lea, pienso ahora, nostálgico. En lo escrito uno vuelca lo mejor suyo. Si se es tuerto, como se maliciaba el bueno de Joseph Joubert, en los papeles se sale por el perfil clarividente. Aquí se explica uno, expone sus bromas más logradas, suelta sus frases más redondas y lanza sus ironías más afiladas. A ver cómo va tu mujer a seguir enamorada si se pierde el concentrado, digamos, y se roza nada más que con las cáscaras cansadas. 
En las circunstancias actuales, para que ella me lea, yo tendría que crearle espacios de silencio y tranquilidad, como los que nos sobraban en los viejos tiempos; pero ahora a base, me temo, de meter más mi hombro escurriente. Eso implicaría levantar algo la mano del teclado del ordenador, o sea, escribir menos, hasta que la oferta y la demanda, digamos, se reequilibren. 
Pienso —y por eso lo publico aquí— que no es un caso sólo de los escritores, aunque como suele pasar, presente una cara más patológica entre los literatos. Todos tendríamos que esforzarnos por compartir nuestros trabajos y aficiones con la persona a la que queremos y que queremos que nos quiera. Ahí se refugia nuestro yo más atractivo, el más dinámico, el más apasionado. Y todo es poco para mantener viva la llama, como se dice. Hay quien se apunta al gimnasio para lo mismo, o a bailes de salón incluso, así que encargarme más de la casa no será para tanto. 
Releo lo escrito y veo que entre líneas hay quien puede imaginarse a mi mujer prendiendo fuego a mis libros y bailando la danza de la guerra alrededor. Qué va. Está deseando, y ella no miente nunca, tener un minuto libre para leerme algo. Y yo no puedo dejar escapar a mi lectora favorita, que no quiere escapar. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

Tomás Moro vs. Caballero Bonald



Esta mañana en clase temprano vibró el teléfono, no cogí, y vibró, y no cogí, y así, y me fui temiendo lo peor, como me pasa desde que soy padre.  Pero era que había salido la entrevista, un poco recortada por las puntas, pero bien. Al ver el periódico me he alegrado lo indecible. En la portada, grandísima foto de la cabeza de Caballero Bonald, el príncipe de los heterodoxos, flamante premiado con un premio de cuyo no nombre no puedo acordarme, y en la contraportada, Moro, que perdió la suya. Todo en su sitio. 


jueves, 29 de noviembre de 2012

Bonitos pantalones de colores


“En cualquier caso, no hay que imaginárselo [a Dante] como lo han representado en las estatuas o en los cuadros, con el ceño fruncido, el largo sayo y el capuchón en la cabeza; era un muchacho de treinta y cinco años cuando escribió la Divina Comedia, uno muy joven que se ponía incluso bonitos pantalones de colores. Porque se usaban mucho los colores en el Medievo, que es descrito de manera errónea como un período oscuro y tremendo. En realidad, fue una época espectacular”.


Como una moneda de plata


Tendrías, luna,  
que mostrarme una cara 
a la ida y otra 
a la vuelta. —"Sí, pero 
tú nunca vas de vuelta". 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Lux et Veritas


El premio: un luminoso agradecimiento y una verdadera extrañeza. Me premian por respirar cómo respiro, qué raro. 

martes, 27 de noviembre de 2012

¡La luna enorme!


Si la señala 
el dedo de su hija, 
¿qué mira el padre?

Girard, Shakespeare, Moro y que siga la fiesta


Como yo llegué a Girard tardísimo, en 2002, con la publicación en Anagrama de Veo a Satán caer como el relámpago, y como, en cuanto empecé a leerlo retrospectivamente, entendí que era un pensador que había realizado una honda evolución personal, fui dejando para después la lectura de su primer libro, La mentira romántica y la verdad novelesca, de hermoso título, pero de 1961. Craso error. La lectura del último, Geometrías del deseo, cuya reseña sacaré en Aceprensa, me despertó el interés por aquel primer libro originario de pura crítica literaria. 

Qué gratísima sorpresa. Hay un Girard allí, a pesar de sus treinta y ocho años, profundamente original y de una apabullante potencia de pensamiento. Y la obra tiene la característica de los grandes libros: produce una cascada de ecos, una fiesta de resonancias interiores. Cuando Girard nos habla de la imitación y de cómo ésta  se exacerba con las cortes absolutas, recordé unos versos del Tomás Moro de Shakespeare que describen a la perfección el proceso, con un siglo largo de adelanto; y que marcan muy claramente un aspecto esencial: la contraposición con el Cielo, que propone otro modelo imitativo. Lo sitúa Shakespeare en el mismo instante del Cisma y eso tiene enorme interés teórico, y demuestra la aguda perspicacia del genio. Son versos en los que Tomás Moro explica a su mujer su nueva situación a partir de su caída en desgracia, en la que se eclipsará su estrella:

Yo te diré por qué. La Corte nunca escruta 
como el Cielo la indignación del príncipe, 
sino que estando frágilmente constituida 
de una tierra dorada, brilla apenas 
sobre ésos sobre los que brilla el rey, 
sonríe si él sonríe, se eclipsa si él se eclipsa. 
Mas siendo ambos mortales —Corte y rey—, 
no sueltes ni una lágrima por las cosas terrenas. 

Como me gustaría que René Girard los leyese.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Tempora


Cuando he de hacer gestiones por el Puerto, me autocompenso oyendo las conversaciones de la gente. Normalmente son muy divertidas y así entretengo el sopor administrativo. Ayer, sin embargo, fueron un mazazo, sumado a la cantidad de pequeños negocios que se traspasan y a los mendigos incluso en los portales de las casas de vecinos. Una señora y su hijo. Éste protestaba de su padre, porque "y además se niega a ir a Cáritas". Me partió el alma, más que por Cáritas, por la protesta. Luego, en la puerta del banco, otra conversación: "Me dijo que si lo denunciaba me arrancaba la cabeza". Uf. ¿Qué se fizo de la simpatía y el humor de la salada gaditanidad? Más tarde, en la cola del supermercado: "No tiene un detalle conmigo, ni me invita a comer", dice un joven. Contesta la chica, más misericordiosa: "A lo mejor no tiene dinero". "Qué no. Si le tocó un número y cogió 400 €. Ya me podía invitar a comer". Esa insistencia en comer me recordó al Lazarillo. Y aunque el libro me gusta mucho, el recuerdo se me hizo amargo. No hace nada que los paseos por El Puerto me recordaban a los Álvarez Quintero, o tempora

viernes, 23 de noviembre de 2012

Ah, eso explica ciertas cosas...

Nunca me había pasado antes: me sorprendió muchísimo leer mi propia reseña en Ambos Mundos. No imaginaba que Mascha Kaléko fuese tan sofisticadamente guapa. Qué mirada honda la de su fotografía. Me temo que esto esconde cierto prejuicio mío contra los poetas, pero no vengo aquí a psicoanalizarme. Lo literariamente importante es que explica, creo, ciertos matices de sus versos. Léase, después de encararse con su foto, este verso: “Soñando puedo ser bastante cursi”, y se verá que tiene incluso más guasa de la que ya le habíamos detectado a ciegas. Los dos versos sobre los deportes náuticos y el amor también se electrifican, ¿no?, o al menos los deportes náuticos resultan mucho más auténticos. Incluso ese pensar que le trae un dolor de mil demonios tiene una ironía que se me había escapado: la de la chica muy guapa que, contra el tópico, es, además, muy culta y muy inteligente. La sonrisa de fondo con la que Mascha encara el dolor y la nostalgia posiblemente deba bastante a la seguridad con la que anda siempre una mujer hermosa. 

No sé si esto es o no políticamente correcto, y no me importa. En una obra autobiográfica como la de Kaléko todo cuenta. Y Antonio Machado ya dijo —si no recuerdo mal— que la poesía se escribe con el cuerpo. 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Se lloraban durmiendo


Carmen nos volvió a dar una noche de perros, pero la tengo por ganancia. Se quejaba de algo en la boca, se la miramos y no tenía nada, y a las cinco de la mañana se pimpló un biberón entero. Yo entonces dejé de preocuparme, supuse que lo que quería era dormir con sus padres,  y que las quejas tenían su pizca de quejío, como una diminuta flamenca por siguiriyas. Me dediqué a disfrutar. No por masoquismo, no. Para hacerme entender, tendré que remontarme bastante años atrás, quizá más de veinte. Por entonces empecé a admirar ese verso de Luis Rosales en La casa encendida que habla de unas chicas que "se lloraban durmiendo". Cuánto he intentado imitar tan electrificante cruce de verbos. Sin conseguirlo. Y anoche Carmencita, como quien no quiere la cosa, sin dificultad alguna, según iba pasando la noche se quejaba: "Duele siguiendo, duele siguiendo, duele siguiendo". 

¡Oh, ahí estaba! 

martes, 20 de noviembre de 2012

Como lo cuento


Hay que reírse, aunque sea de llorar. 

La chimenea ahumaba el cuarto y, si yo me empeñaba, pastoril, en encenderla, tenía una bronca con Leonor, urbanita. Por suerte, los escayolistas que vinieron a hacerme una librería, se entretuvieron, con ese interés centrífugo de no ocuparte de tu trabajo, en verle uno a uno los fallos, y todo era un desastre. El tubo no llegaba hasta afuera, estaba cogido con mezcla, que se había ido, y el tiro no era estanco, además de no tener respiraderos para el calor. El humo salía hasta por las tomas de luz y las cajetillas eléctricas. Ellos consultaban continuamente a un su amigo, experto en chimeneas, que ha montado miles, y éste por teléfono les iba gritando, indignado: "Pero qué chapuza le han colocado a vuestro cliente, qué gente hay, no tienen ni puta idea, ni puta idea". Hoy, para rematar la faena, he coordinado al que me montó la chimenea y a los escayolistas, y cuando ha aparecido el primero, ¡era el amigo!

El bochorno de uno y las risas de los otros han sido de aúpa. (La culpa fue, naturalmente, de los operarios de la obra, que no siguieron sus detalladas instrucciones, nos ha explicado a todos varias veces.)

Genialidad de Jesús


Mientras pensaba a la vez en cuatro o cinco problemas económicos, como el que hace malabares con varios mazos —unos más gordos y otros más livianos— que giran en el aire a un tris de golpearme la cabeza, caí en otra genialidad más de Jesús. Detecta perfectamente que el único señor capaz de hacerle frente a Dios es el dinero. Insiste lo suyo. Y más aún me llama la atención que Él no la llame sobre los falsos dioses o sobre el esplendor del César, al que prácticamente ningunea, con lo que tendría que ser el César entonces. Pero al César le da una moneda, precisamente, y poco más. En estos tiempos, en que se ve todos los días el poder del dinero sobre el poder, no podemos dejar de sonreír, admirados, ante la visión preclara de Jesús. 

Sólo señala otro rival de parecida envergadura que el dinero: la vanidad intelectual y la soberbia religiosa de los escribas y fariseos. Ante eso, ya no sonrío tanto, cuidado. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Reza el refrán


"A quien madruga, Dios le ayuda", y a quien no madruga también, pero el que madruga lo sabe y se lo dice, y, aunque sólo fuera eso, compensa el madrugón.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Poderosos de cerca


Lo que uno ha visto desde la Cumbre ha sido una cantidad ingente de policía, y poco más. Lo demás lo he visto por televisión, como todo el mundo. 


sábado, 17 de noviembre de 2012

Me gusta, me gusta


La entrevista a Abelardo Linares. No porque sea mi editor, sino porque leyéndola me enorgullece que lo sea. 

Y la nota de lectura de don Javier Vicens. Por mi libro, lógicamente, y por el suspense de esa errata misteriosa (que será error), pero sobre todo por su sonrisa. Y también por lo de Blas de Otero. 

Y para que esto no se quede en un facebukiano me gusta, me gusta, confesaré otra alegría que me ha dado la reseña. Leyendo la delicada y dedicada de Marqués al libro de Chris Bachelder, que no he leído, pero que leeré inmediatamente, tuve un tonto ataque de celos, valga la redundancia. Oh mi pobre Pábilo vacilante, que va de lo mismo, entre otras cosas, y que se ha apagado en unos meses, sin dejar rastro en la aire ni en el agua espuma, me decía. Seguro que A propósito de Abbott vale más y que así y aquí sólo me pongo en evidencia, pero asumo el riesgo del ridículo con tal de agradecer a la nota de don Javier que me haya recordado, cuando más falta me hacía, que los libros tienen su vida y que ahí están, ocultos como el celemín bajo la cama, hasta que encuentran su lector. 

jueves, 15 de noviembre de 2012

La vez


Por la huelga, no hubo autobús escolar y me di el gustazo de llevar a Carmen al colegio. Para no llegar tarde a mi trabajo, fui muy temprano. Tienen un servicio de pre-guardería para estos casos. En la puerta, ya había otro padre con su niño, también esperando. Entablamos amigable conversación. Carmen lo observaba. A los cinco minutos dice: "Este papá está muy gordo". Yo, noqueado, cometí el error de decir: "¿Qué?" para ganar tiempo. "¡Que está muy gordo!", fue la consecuencia de mi pregunta idiota. Menos mal que yo también, y pude explicarle: "Como yo, Carmen. Los padres respetables estamos gorditos, no como los insustanciales adolescentes que pierden su tiempo y sus calorías en los gimnasios de espejos narcisistas... A partir de cierta edad, los abdominales predisponen al adulterio". El padre asentía, un tanto desbordado. Pero ella lo miraba con descaro y me miraba con ironía subrayando algunas diferencias de peso con un explícito lenguaje no verbal. 

Creo que ha sido la única vez en que me he alegrado de estar gordo, por pura solidaridad, y a la vez, oh paradoja, la vez en que mi determinación de adelgazar de una vez ha sido más seria y perentoria. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un hombre honrado


Una de las grandes ilusiones de mi vida, y de las más difíciles, es escribir mi libro (póstumo) de memorias y titularlo Un hombre honrado. Conseguirlo significaría, primero, que he tenido algo que contar; segundo, que no he cometido ninguna fechoría horrible que hiciera imposible el uso de tan hermoso título; y, por último, que podría poner en el frontispicio esa precisa cita del conde de Maistre: "No sé cómo es la conciencia de un criminal, pero conozco la de un hombre honrado, y es espantosa".

Aquí la uso, para ir calentando motores. 



martes, 13 de noviembre de 2012

Humo ácido


En un apunte de agosto de 1952 escribe la poetisa francesa Marie Noël: "Dante me ha metido en el infierno. En el fango, ferozmente, con los melancólicos, con los que han cometido este crimen: estar tristes". 

Qué manera más triste de no entender nada. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Dación en pago

Estoy siguiendo con gran interés el debate suscitado por la posibilidad de la dación en pago.  No porque sea específicamente desesperada mi situación, no os me alarméis, gracias. Me preocupa el drama de tantos y me admira la complejidad jurídico-económico-social del asunto, y la agilidad de la esgrima dialéctica y argumentativa de las partes. Todo se me complica, además, por un agudo sentimiento de culpa y de nostalgia de mis años universitarios, en los que resulta evidente que no estudié todo el Derecho Civil (ni otro) que debiera. Ahora bien, me asalta una pregunta insidiosa que hago humildemente aquí. Si el problema es que le quiten a unas personas su casa, justo eso es lo que no resuelve de ninguna manera la dación en pago, ¿no? 

lunes, 5 de noviembre de 2012

Orgullo

Uno de mis temas de preocupación es trazar la línea que separa la huera vanidad del legítimo orgullo. Quizá se sepa por su compañía: la vanidad puede ser (tan a menudo) vanidad herida, pero casi nunca triste. El orgullo, en cambio, puede ir acompañado (tan a menudo) de una honda melancolía, jamás de enfado o de resentimiento. 

Lo pienso cuando leo el último, ay, el último artículo de Carmen Oteo, en que hace el regalo de nombrarme y en la mejor compañía: la de Paco, su marido, nada menos. 

momento satori


En el insomnio 
cuando el mosquito empieza 
a acompañarte. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Costumbres extranjeras


No hubo que esperar a la globalización para que las costumbres extranjeras corrieran a su antojo por el mundo, aunque ahora corren más. A mí, español a machamartillo, las buenas me encantan. Incluso, el Puerto de Santa María se ha puesto a imitar a Nueva York este fin de semana y hemos tenido, aprovechando estas cuatro gotas, unos cuantos apagones último modelo.

viernes, 2 de noviembre de 2012

RESPUESTAS


Dijo una vez Rabí Elimélej: "Estoy seguro de que seré admitido en el mundo venidero. Cuando esté frente al tribunal de justicia superior y me pregunten: '¿Estudiaste todo lo que hubieses debido?', contestaré: 'No'. Entonces me preguntarán: '¿Oraste todo lo que pudiste?' Y de nuevo mi respuesta será: 'No'. Y me harán una tercera pregunta: '¿Hiciste todo el bien que pudiste?' Y también esta vez responderé lo mismo. Entonces pronunciarán el veredicto: 'Dijiste la verdad. Por amor a la verdad, mereces ser admitido en el mundo venidero'". 
Cuentos jasídicos. Los primeros maestros II, Martin Buber, Paidos, Buenos Aires, 1980

jueves, 1 de noviembre de 2012

Breado (o celebrando Todos los santos)


La guasa de mi subconsciente. Sueño que en una librería de Barcelona me compro dos volúmenes del Tomás Moro de Shakespeare & cía. Hasta ahí, normal, porque la editorial sólo me ha dado dos. La librera me cuenta que se está vendiendo mucho, y que se trata de una excelente traducción (hasta aquí el subconsciente dándome coba fina) de una profesora y un colombiano. "¡¿Cómo colombiano?!", voy a clamar por mis derechos de propiedad intelectual, hasta que de pronto caigo en lo de García Márquez... Joe con la onírica librera. 

La guasa de mi hija. Muy temprano, su madre la sube a nuestro cuarto, pero le dice: "Psch, que papá está frito". Y ella replica: "¿Nos lo comemos?" Y como adivina que ni su madre ni yo, que he abierto un ojo, lo hemos pillado a la primera, se explica: "Porque está frito". Joe con la niña. 

La guasa de mi hijo. Apenas habla aún, pero señala el salero y dice "Papá, papá". No es que me vea muy gracioso, me temo, sino que se ha unido a las huestes de mi familia política, siempre escandalizada por la sal que le echo a mis comidas. Joe con el niño. 


miércoles, 31 de octubre de 2012

Contrapasso 2.0


A veces la pluma, como los balones de fútbol rozan la escuadra y salen fuera, está a un pelo de acertar, pero no. No, no me explico cómo ayer por la tarde no caí en la cuenta de que en vez de "expresionismo posmoderno" tuve que haber puesto "contrapasso 2.0", que es lo que es. 

martes, 30 de octubre de 2012

El arte, nacional


Twitter se me queda corto. Ayer puse una cita de la más rabiosa actualidad de Maurice Ravel: “La ciencia es universal; el arte, nacional; la necedad, nacionalista", pero no me cupo explicar que lo auténticamente jugoso no es tanto lo de la necedad nacionalista, que va tan de suyo como la universalidad científica, sino lo nacional del arte. Es un tema que aquí ha ido saliendo sin querer con la vinculación umbilical de la literatura a la lengua materna, a la Matria, podríamos decir, que en nuestro caso, laus Deo, es inmensa, oceánica. Ravel pensaba que lo nacional vivificaba la música. En pintura, Ramón Gaya, que habló del Museo del Prado como "la roca española", sería un grandioso ejemplo, y también serviría Picasso, pongo por casso. Quien lo sabe vivir con una naturalidad absoluta es Pedro Serna


lunes, 29 de octubre de 2012

Excelente repaso al estado de la cuestión

Fúster, que es más listo que el hambre, no concede ni un milímetro a la posición procatólica sobre William Shakespare, llegando incluso a ignorar el comprobado catolicismo de su hija Susana o renunciando a citar las conclusiones de Pearce sobre ese servicio (fermosa cobertura) a un hugonote. Hace bien, porque resulta mucho más convincente que mi fervorosa fe en la catolicidad del Bardo; y así encuadra mejor (y qué bien lo hace) la obra Tomás Moro.


En cambio, a Fúster, normalmente frío, se le escapa un entusiasmo, y me laurea, como quien no quiere la cosa. Ay, qué impetuosa es la amistad. 

PS.- ¡Anda, otra mención!

domingo, 28 de octubre de 2012

Que no nos metan presión


No estoy por la labor de que me señalen a los que no recaudan IVA para el Gobierno como mis enemigos mortales. A mis enemigos los escojo yo, o me escogen a mí, pero sin intermediarios (que se quedan con la pasta.)




Con todo, en la cena de anoche con unos amigos, comprobé que mis tesis son todo menos indiscutibles.  

[La errata del título no es mía, como se demuestra luego en el texto. El corrector de Joly la tiene especialmente tomada con mis títulos. Antes era sólo con mis puntos y aparte.]



sábado, 27 de octubre de 2012

Bien pagado



No me gusta hablar en público y estoy empeñado en no hacer gratis más que lo que me da la gana, pero no me quedó más remedio que irme a San Fernando, a Isla Radio (iRadio) a disertar sobre educación. Me lo había pedido mi antiguo profesor de Filosofía, y hay agradecimientos y respetos que pesan más que nuestros gustos y nuestros empeños. Conduje —maldiciendo mi suerte— tres cuartos de hora hasta un polígono laberíntico y deprimente, y contesté como pude durante una hora, y ya me iba.

Pero tomamos una copa de vino español en un bar del susodicho polígono. Y allí, otro de los contertulios radiofónicos nos contó por qué uno de sus hijos estudió en mi antiguo colegio. Padre de nueve hijos, no se lo podía permitir, que así está la libertad de enseñanza en nuestra España. Pero ocurrió una tragedia. Un muchacho de mi pueblo y de mi urbanización, llamado Felipe, no recordaban el apellido, fue atropellado por un autobús en el aparcamiento del colegio y murió. Yo ya estaba entonces en la universidad, pero me enteré del drama. El padre del chico decidió dar una beca para otro alumno de la misma edad. Y el becado fue el hijo del que me lo contaba. Años más tarde mi contertulio asistió al funeral del padre de Felipe, y allí abrazó a la viuda.  

La generosidad de aquel matrimonio que acababa de perder un hijo me impresionó, pero todavía no lo había oído todo. Mi antiguo profesor contó que unos días antes del accidente había recibido la Confirmación. El obispo, en amable tertulia con aquellos jóvenes recién confirmados, les preguntó: "¿Y cuál de vosotros quiere hacerse sacerdote?". Fue Felipe el que rompió el silencio, impetuosamente: "Yo". El obispo, visiblemente impresionado, quizá para quitar hierro al momento, dijo: "Bueno, bueno, 'di mejor lo que Dios quiera'...". "Eso", reconoció Felipe, dispuesto a no dar un paso atrás, sino todo lo contrario, "lo que Dios quiera".

El viaje de vuelta se me hizo corto y estremecido. 

viernes, 26 de octubre de 2012

WhatsApp


La alumna está sentada en última fila, sola. Veo que mira el móvil, que tiene escondido tras las anchas espaldas de otra compañera, y se sonríe. Se sonríe, contesta, se ruboriza, contesta, se asusta, contesta, se corta, contesta, se ríe, contesta, se muerde los labios, contesta, se arregla el pelo, contesta. Las reglas en el instituto son tajantes contra esos aparatos y aplicaciones, pero me resisto a intervenir. Es un espectáculo tan bonito. Cuando les hago una pregunta para certificar si han entendido lo que les he explicado, va la alumna de la última fila y me contesta. Bien. 


jueves, 25 de octubre de 2012

Yo


De Juan Bonilla me han sorprendido dos veces las coincidencias casuales, una y dos, pero esta vez es causal. Me impresionaron mucho de él estos versos, tan actuales como admirables, valga la paradoja: 
La Y es un tirachinas. 
La o una piedra. 
El Yo un arma cargada. 
Tanto que yo, que por mucho que lo admire no podría haber escrito jamás lo del tirachinas, me puse a dar vueltas a lo mío, y deduje: 
La Y es un árbol;
la o, fruto maduro; 
y yo, raíz.
Como lo mío era mucho menos impactante, lo dejé inédito, para mi devoción particular, quiero decir, para aplicarme el cuento. Pero ahora Juan Vicente Piqueras me sorprende con una vuelta de tuerca gramatical desde las páginas de su reciente Yo que tú:
Yo es el lugar de encuentro 
de la conjunción copulativa 
con la disyuntiva. 
Y oh, qué bien visto. Al final, yo, que tantas veces le di la razón a Canetti: "Entre todas las palabras de todas las lenguas que conozco, la mayor concentración la tiene el I inglés", yo, que tanto he envidiado que el "yo" inglés sonase como un lamento, he terminado viendo con nuevos ojos nuestra primera persona del singular. Ésa es, entre otras, la función de la poesía. Que la lengua, de golpe deslumbrante, nos explique la realidad. 
 

martes, 23 de octubre de 2012

Perdí mi silla


Lo de la querencia de escritor de Enrique no es ninguna broma. Este es su sitio favorito de toda la casa: 



Sí, es mi despacho. Son mi mesa, mi silla, mi ordenador, mi lámpara, mi lápiz... Si yo me encierro, se queda en la puerta, fuera, maullando como un gato. En cuanto abro, en un descuido, se cuela y ya no hay quien lo eche. Esta vez, si no hay entrada en el blogg, no es culpa mía. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Conversación oída en el tren


El oficinista, hombre blando, blanquecino, con unas ganas evidentes de echar el viaje charlando. Me pregunta algo; le contesto con la mirada hundida en el libro. Coge la indirecta. Si Leonor lo hubiese visto, habría dicho “encaja la directa”. Cuando en la siguiente parada se monta un hispanoamericano aún más curtido por el sol que lo habitual, varonil, de unos cincuenta años, con petate de marinero, el oficinista pregunta con energía renovada: 
—¿Marinero?
—Capitán.
—¿De un barco de pesca?
—De un yate de recreo…
—¡¿Suyo?!
— …de un empresario.
[Silencio breve pero incómodo]
—¿Viene de lejos?
—Del Uruguay.
—La primera vez en España
—No, ya di varias veces la vuelta al mundo.
Derretido de admiración: —¿Usted es un aventurero, verdad?
— Si me pagan…

[Silencio definitivo]

domingo, 21 de octubre de 2012

Elevación



Estupenda imagen vista en un bar, mientras tomaba café con Leo, en unos dibujos animados. Un niño le pinta por detrás, en la pizarra, unos cuernos diabólicos a la profesora. Todo muy indignante. Pero, luego, la profesora se levanta y, ¡milagro!, lo que eran cuernos se convierten en unas alas de ángel. La salvación por elevación. 


sábado, 20 de octubre de 2012

Piedad, doble o nada


Mauricio, en el Persiles y Segismunda: “Soy cristiano católico, y no de aquellos que andan mendigando la fe verdadera entre opiniones.” Maravillosa cita, primero, por su piadosa declaración de principios del todo ortodoxa, y, segundo, porque salva la rectitud de intención de los otros cristianos, con una nota de ternura. 

viernes, 19 de octubre de 2012

Carmen: mujer, jardín, poema. Y Enrique


1) De la feminidad de mi hija. Se está contando mucho por teléfono en la familia el siguiente diálogo entre ella y su madre. "¿Dónde vas, mamá". "A comprar pintura, Carmen." "¿De labios?" "No..." "¿De uñas?" "¡No, no, para las paredes!" "Ah". Yo, sin embargo, más femenino aún veo lo de anoche. Llegué a casa tarde y desde la cuna me llamó. Fui inmediatamente a verla: "Hola, Carmen". "¿Me has echado mucho de menos, papá?"

2) Viendo su dominio del lenguaje, superior a sus habilidades motrices o a sus dotes para el dibujo, y su imaginación, le pregunto: "¿De qué vas a trabajar de mayor: serás escritora?" "No. Plantaré flores en el jardín".

3) Como llovía y no podíamos salir al jardín, precisamente, y en casa empezaban a revolucionarse, los montamos en el coche y fuimos a asomarnos a la playa, que suele estar muy revolucionada y romántica los días de tormenta. Al llegar, Carmen exclamó desde su sillita: 
¡El mar! 
¡Qué fresco!
Una aleluya trisílaba en verso blanco. Para mi gusto, perfecta. O un haiku. Las once sílabas que faltan: "Sus ojos, del color del mar de otoño". 


* * *

El que será escritor, a la chita callando, es Enrique. Observen como se tiró (la foto no está preparada) sobre el bolígrafo y el papel en un segundo cuando su madre le había subido a la mesa para ponerle los zapatos. Observen de paso el torpe aliño indumentario. Carmen es más musa, y se la puede ver en su papel: escapando al fondo. La concentración de Enrique para hacer bien sus cuatro rayas garabatosas me llena de ternura: ¡es el vivo retrato de su padre! 

jueves, 18 de octubre de 2012

Criados y señores



Extraordinario estudio de Auden sobre la relación entre amos y criados, que tanto juego ha dado a la literatura. No acierta, al principio, a definir al sirviente ni a diferenciarlo de otras profesiones, como la enfermera. La clave está, a mi entender, en que el sirviente hace aquello que el amo sí podría hacer por sí mismo, mientras otras profesiones hacen lo que sólo ellos pueden hacer. Esto explicaría por qué las señoras de clase alta llaman a sus chóferes “mecánicos”. Un mecánico auténtico no es un sirviente sino un profesional, que es algo mucho más valorado en esta sociedad tan poco cristiana. Se entiende así mejor que con la teoría de Auden la identificación que termina produciéndose entre señor y criado, porque uno, por esencia, ocupa el lugar del otro y el otro deja o ruega que lo ocupe, incluso, como deferencia, se hace el tonto o el incapaz, para recibir el servicio como una caridad. Sancho azotándose para desencantar a Dulcinea es un ejemplo perfecto de esto. La relación se estrecha tanto que en los casos más sublimes es de amor (Sancho Panza, Sam Weller, Sam Wise —al que no nombra Auden, pero que está en la línea— o, ya con otro nombre, Jeeves). Creo que todo esto tiene una aplicación teológica, pues esa insistencia pascual de Jesús en lavar los pies de los discípulos, como un siervo, es una profecía justamente de que va a ocupar su lugar.

Esto es una nota apresurada y abocetada al margen, que creo que Auden me habría aceptado, pues no altera en lo más mínimo su extraordinario artículo, tan hondo.

martes, 16 de octubre de 2012

Sonrisas y lágrimas


Hoy el humor de El País viene quizá con poca gracia pero con mucho que comentar: 

1)


(vía, obvíamente)

Contra lo habitual, sonrío ante éste de Peridis, aunque sea una sonrisa amarga. Véase la corona de Mas y sus gafas de invidente y su bastón de ídem usado como palo amenazador. A Wert, aunque le han pintado bastos, la postura de D'Artagnan le ha salido sola. Más descriptivas aún las poses y posturas del Rey y de Rajoy. 

2)


(obvíamente)

Lo que digo siempre del odio al hombre del ecologismo. No lo pueden remediar, no pueden, pero no predican con el ejemplo, eso no, qué va. Sobran otros. 

Y 3)
(obvíamente)

Que no le veo la gracia, ni la tristeza, si no fuera por la decepción socialdemócrata. De toda la vida, los buenos escritores han seguido diciendo lo que no podían, aunque sin tinta. Con inteligencia apenas. De lo mejor de la recién publicada obra Tomás Moro es precisamente el juego que la censura le da a los sobrentendidos, sugerencias, indirectas y silencios significativos. Es todo un espectáculo. 

Los otros dos chistes son dos tonterías. Contra lo habitual, en el caso de Erlich. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Pienso mal, pero me encanta equivocarme


Hace 6 años, 6, nada menos, escribí en este blogg la entrada "Cómo pensar de los demás sin equivocarse".


Pensaba que no se podía decir nada más, pero estaba equivocado: José Luis García Martín nos demuestra en Enigmas con jardín  que la literatura y el alma humana son inagotables. Él se dice: 
Pienso casi siempre mal, pero me encanta no acertar.
Oh, pienso yo, qué acierto. Ahí está, intacta, la astucia del refranero, pero la grandeza moral, ahora bien alegre, de la simpatía de fondo. Por si eso fuese poco, con unas gotas de maravilloso humor auto irónico. El personaje literario de García Martín es —digo, el personaje— muy mal pensado, así que aquí, como en el cuento "Borges y yo", hay implícito un diálogo entre ficción y vida de lo más suculento, que acaba bien. Hasta ahora ponía de ejemplo de acabada poesía la aportación de Borges, en comparación con las otros dos tanteos. Sin embargo, ya no sé con quién quedarme. Quizá para los buenos propósitos con Borges y para la gozosa realidad con García Martín. 
* * *
PS-1. Mis alumnos prefieren, sin dudarlo, el de García Martín, con este perspicaz argumento: en todos los demás se carga sobre el otro el error y la equivocación, mientras que uno aparece inmaculado. En cambio, en el último, el golpe de pecho y el golpe de luz se dan en el propio pecho y viene de los demás, respectivamente. Aciertan los alumnos. 
* * *
PS-2. Piensa y acertarás. Qué maravillosa aportación de Jilguero en comentarios. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Donde rojeo bastante

Rojeo, pero de Enrique Rojas. Eso le parecerá a algunos un alivio, a otros peor, ad libitum. Yo no me he podido resistir, porque da pena lo poco que se quiere la gente y, al menos en eso, en tenerme cariño, sí puedo dar ejemplo.

sábado, 13 de octubre de 2012

Estadísticas y espadas


Salimos de paseo. "¿Dónde vamos?", nos preguntamos. Los buenos de la familia, Leonor y Enrique, callan. Yo prefiero la playa. Carmen, La Carpita, que es el club social. Le digo: "Dame tus razones, a ver si me convences". Se queda callada un segundo, pensando. Y luego, muy democrática, tirando de falsas encuentas, dice: "Quique también quiere ir a La Carpita". O tempora, o mores, su razón es la mayoría, me espanto.

En La Carpita, varias amigas de Leonor se piden a Carmen de nuera. A mí me da un poco de vértigo tanta precipitación y no termino de verlo claro. Pero luego, en misa, hay un niño desconocido blandiendo una espada. "Hay algo noble en todas las espadas", me recito y eso que no sabía lo que venía a continuación. Carmen empieza a quitarse el chaleco y Leonor se lo prohibe, casi gritando (estamos en la puerta del fondo, fuera). El niño de la espada se acerca, ceremonioso, y se ofrece a Leonor: "Si no obedece, yo tengo aquí algo", y alza la espada. Carmen, vivamente impresionada, se deja abotonar el chaleco. Y yo me sorprendo pensando en el yerno ideal. 

viernes, 12 de octubre de 2012

La fe de Dante




Hoy la examinan en Roma, y nosotros nos unimos aquí


Do babeo II

Carmen se curó y ayer nos acompañó al trance de ir de compras. Corría por el centro comercial, se colaba en los probadores, se lanzaba por las escaleras mecánicas, se abalanzaba sobre los maniquíes, gritaba de pura emoción. Pero de mi pregunta de ayer había captado la trascendencia y la recordaba, así que de vez en cuando, con una sonrisa maliciosa, se volvía hacia mí, me miraba y decía: "Estoy triste, papá". Me dio la alegría de la tarde de compras, que aún me dura. 

Qué bien que no confunda la verdad con la sinceridad. Eso, un guiño, una coquetería, un sobrentendido, es la ironía. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Una anécdota de máxima actualidad


La expresión no fue perfecta, desde luego, pero la indignación con Wert me recuerda  lo que contaba Pío Baroja. A él, que se ganaba la vida regentando una panadería, le fueron con que el poeta nicaragüense Rubén Darío había dicho: "Baroja es un escritor de mucha miga: se nota que es panadero". Eso, al parecer, era muy gracioso. Cuando Baroja contestó: "Y Rubén tiene buena pluma: se nota que es indio", los presentes se indignaron muchísimo y hasta perdió amigos. Allí aprendió don Pío que unos pueden gastar bromas y otros sólo soportarlas.

Do babeo

Carmen nos dio una noche de martes a miércoles malísima. Ni pegó ni dejó que pegásemos ojo. Estaba enferma, con gastroenteritis, dictaminó el médico por la mañana. No mejoró tampoco ayer. Cuando al medio día llegó  su madre le preguntó: "Y hoy, ¿qué has hecho en casa, guapa?". "Vomitar", informó. Efectivamente, y así me la encontré yo a media mañana, agotada. Le di varias medicinas y después, se tumbó un poco, mientras yo le acariciaba el pelito. En ese momento le hice la pregunta crucial: "¿Estás contenta o triste, Carmen?" Con un hilillo de voz dijo: "Contenta", y me dio la alegría de la mañana, que aún me dura. 

Qué bien que no confunda estar sana con estar feliz. Una alegría invulnerable a la enfermedad, a una noche sin dormir, a unas décimas de fiebre y al amargor de las medicinas, esa alegría, es el alma. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Defensa propia


Quizá en el artículo no digo más que cosas muy sabidas, pero en mi defensa diré que lo hago en defensa propia. Me siento abducido, ¡a mi edad!, por el fútbol, como por la pereza, y en cuanto me descuido estoy leyendo con enorme interés las noticias sobre las molestias musculares de éste o sobre las quejas de aquél, o haciendo el análisis microscópico de las declaraciones de un entrenador. Este interés repentino y extemporáneo es como el mal que le dio a Alonso Quijano en la cincuentena: un tanto ridículo, como poco; y de peor calidad, por supuesto. El artículo de hoy es en legítima defensa (un catenaccio). Quiero volver a pasar, ¡quedarme fuera de juego!

martes, 9 de octubre de 2012

Dos encabalgamientos que se me escaparon, galopando, para siempre



Uno: "La realidad es intere-
santísima". 

Y otro, en un poema de amor conyugal: "Te veo perfecta-
mente". 

Ahora mi poesía ya no es tan juguetona, y eso (o éstos) que he perdido. 

lunes, 8 de octubre de 2012

Rabí Pinjas de Koretz

Como sabéis, Rabí Pinjas se ganaba la vida como melamed, esto es, como maestro de niños. Una noche tuvo un accidente muy grave y a la mañana siguiente lo encontraron inconsciente y creyeron que estaba muerto. Cuando el rav de Koretz se enteró ordenó que nadie lo tocase, rezó por él y le dijo: "¡Pinjas, lvántante! Ve a enseñar a tus alumnos! Recuerda, ¡eres un hombre contratado que tiene una diaria labor para cumplir!" Y Rabí Pinjas se levantó y fue a la escuela. 

Cuando lo leí el viernes me reí con ganas de la fuerza casi resucitadora del contrato de trabajo, y pensé pasarlo a mis alumnos de Derecho Laboral. Pero en la mañana del lunes, muerto, lo recuerdo y digo, mucho más serio: "Vaya". 

domingo, 7 de octubre de 2012

El aborto es un crimen, el abortismo, una ordinariez

Eso defiendo aquí.

Tampoco el nacionalismo es muy caballeroso. Hubo un tiempo de romanticismos identitarios y eso, al menos, tenía cierto halo literario bucólico. Ahora se dedican a echar números (de aquella manera) y a lo profundamente egoísta de repetir que ellos son los ricos, que todo es suyo y que no quieren ayudar a los más pobres. Muy elegante no es, ¿verdad?

viernes, 5 de octubre de 2012

Otro papel

Sigo revolviendo, a falta de inspiración, mis viejos papeles y notas. En una del 2000 encuentro esto: "En el Cielo, replantaremos nuestros recuerdos, inmortalizándolos. Yo, una buganvilla". No es gran cosa, desde luego, pero me impresionó vivamente, porque vi allí la semilla de un poemita de Con el tiempo, diez años (y mucho olvido) después. Aquí está. Y mira que me sé mi Ezra Pound: "The production of good poetry is a very slow matter"; pero vérmelo en mí, ¡en mí, que siempre voy con prisas!, y cuando estaba convencido de que aquel poema de las buganvillas se me dio en un instante mágico y casi estuve tentado de fecharlo y todo, me ha dejado pasmado. Pasmado y feliz. La falta de inspiración ya no me preocupa. Quién sabe lo que estará pasando por dentro. Todo lleva su tiempo. 

jueves, 4 de octubre de 2012

Papel de 2003


Cuando llegue al final de este versito,
ya habrá cambiado el gusto literario
y habrá surgido otra generación
rompedora de jóvenes valores.

En el espacio en blanco interestrófico,
cupo, seguro, un libro deslumbrante,
un título merecedor de premios
a diestro y a siniestro. Aplausos. Bravo.

Hace ya casi un mes, entre el catorce
y el dieciséis, estuvo muy de moda
la corriente lesbiano-kitsch-social. 

Si no he buscado rimas al soneto,
es porque dicen que en Valencia dicen
que toca prosaísmo para marzo. 


miércoles, 3 de octubre de 2012

Torsión

Qué difícil cuando alguien va hablando mal de ti a tus espaldas, decírselo sin revolverte.

martes, 2 de octubre de 2012

La más dulce heráldica del arte

Para seguir celebrando cosas hoy, la salida del Tomás Moro, de William Shakespeare y otros. Y allí, qué hermosa defensa de la poesía se marca Shakespeare por boca de Moro, mano a mano, y qué arreón al rey.


ERASMO
La mejor medicina, el buen humor.
Capaz conserva el cuerpo, pues sabemos
que la melancolía atora el flujo
de la sangre y el aire; pero un erecto espíritu
nos alarga los días con feliz ejercicio.
Debe el estudio ser lo más triste en la vida;
el resto, un juego exento de pensamientos graves.
MORO
Erasmo ha predicado el evangelio
contra la medicina. Y decidme, poeta…
SURREY
Oh, milord, al llamarme «poeta» me acusáis
de ingente ociosidad. Es un estudio
que a pobres nos destina; y se nos tiene
de siempre por inútiles para la cosa pública.
MORO
No abandonéis la hermosa poesía, dulce lord,
a tal desprecio. Con el corazón hablando,
es la más dulce heráldica del arte,
la que distingue el duro, áspero acebo
del airoso laurel.

SURREY
.............................Sin embargo, milord,
se ha quedado la última, detrás
de las ciencias mecánicas.

MORO
............................... Yo os mostraré por qué
no es tiempo de poetas. Deberían
cantar según el fuerte canon heroica facta:
Qui faciunt reges heroica carmina laudant.
Pero decaen los grandes temas, y así las plumas
privadas de ejercicio, languidecen.


Un epitafio desiderativo

Oscuro el vividor y el muerto claro. 

lunes, 1 de octubre de 2012

Esta doble vida, sí

Tras esta entrada, pensé muy en serio: "Me conformaría con vivir los 56 años de Dante o, incluso, los 52 de Shakespeare, pero empezando a contar desde ahora".

Y así pensaba dejarlo. Pero viene Canetti, Dios se lo pague, y me da un abrazo cómplice: "Qué lamentable tener solamente una edad determinada! ¡Quisiéramos tener dos edades a la vez y saberlo! '¿Cuántos años tiene usted?' 'Veintisiete y sesenta y cinco'. '¿Y usted?' 'Cuarenta y doce'. A partir de esta doble edad se podrían derivar nuevas y atractivas formas de vida".